La hidratación cotidiana no requiere fórmulas mágicas: cuándo alcanza el agua y cuándo hace falta reponer sales
Especialistas y organismos internacionales coinciden en que la población general cubre sus necesidades con agua y una dieta variada; las bebidas deportivas y los suplementos sólo ganan sentido en cuadros puntuales como diarrea, ejercicio prolongado o calor sostenido.

En los pasillos de las farmacias y de los gimnasios argentinos se repite, casi a la par, la misma pregunta: alcanza con el agua o hace falta algo más para reponer lo que el cuerpo pierde. La respuesta, coinciden la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef y el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, depende menos del frasco que se elija y más del cuadro clínico, del esfuerzo físico y de cuánto líquido efectivamente se perdió. Donde sí hay margen para equivocarse, coinciden los especialistas, es en el camino inverso: beber de más o sumar suplementos sin indicación también altera el equilibrio del organismo.
Diarrea: la rehidratación tiene propia
El material consultado es categórico: una bebida deportiva no equivale a una solución de rehidratación oral. La OMS y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con ese cuadro, y explican el mecanismo con precisión bioquímica. La glucosa presente en la fórmula ayuda al intestino a absorber sodio y agua, razón por la cual la mezcla incluye además cloruro, potasio y citrato en cantidades calibradas.
La consulta médica, dicen los organismos internacionales, no se reemplaza con una bebida elegida por cuenta propia. Frente a confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, la indicación pasa por la atención profesional y, en muchos casos, por la internación. Comprar una botella en el kiosco frente a esos síntomas no sólo es inútil: puede retrasar un tratamiento que necesita indicación precisa.
El día a día: la comida cubre los minerales
Para la mayoría de las personas, el material señala, los minerales necesarios llegan por la mesa antes que por la farmacia. Las frutas, verduras y legumbres aportan potasio; los lácteos, semillas, frutos secos y algunos vegetales suman calcio o magnesio; el sodio y el cloruro ingresan principalmente a través de la sal y los alimentos preparados. Estos electrolitos cumplen funciones concretas en la distribución del agua corporal y en el funcionamiento de nervios y músculos, pero su pérdida cotidiana no exige reposición extra.
Ejercicio: la cuenta se hace por hora y por sudor
El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte introduce la segunda variable del análisis: la duración y la intensidad del esfuerzo físico. Las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados; para sesiones de menos de una hora, la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua es escasa, sostiene la entidad en sus recomendaciones.
Cuando el esfuerzo supera la hora, sobre todo con calor o humedad elevada, las necesidades de reposición aumentan. No existe, subrayan los especialistas, una cantidad idéntica para todos: la sudoración y las pérdidas de sales varían entre personas, y el color y el volumen de orina siguen siendo los marcadores más confiables en la práctica. Beber más de lo necesario también modifica el sodio en sangre, lo que deja a la hidratación como un problema de cálculo, no de voluntad.
El dato
Sin pérdidas importantes de líquidos, no hay beneficios demostrados de incorporar electrolitos de manera rutinaria mediante suplementos. Para la hidratación habitual suelen bastar el agua, las comidas regulares y la atención a la sed. La fórmula sólo cambia cuando hay diarrea o cuando el cuerpo, por esfuerzo o calor, pierde más de lo que ingiere. Quien vende otra cosa, le miente.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Qué es un enjambre sísmico, el fenómeno que mantiene en emergencia a las islas griegas

