Jódar, el pibe que no se achica: a semifinales en Shanghái y con cita ante Medvedev
El español de 20 años se convirtió en el semifinalista más joven del Masters 1000 chino al remontarle a Casper Ruud. Medvedev lo espera después de dejar en el camino a Tommy Paul. Zverev y Davidovich Fokina, la otra semifinal.

Arrancó perdiendo y terminó ganando. Así, sin anestesia, Rafa Jódar se metió en las semifinales del Masters 1000 de Shanghái: le dio vuelta el partido a Casper Ruud, lo venció por 4-6, 6-4 y 6-3 y se convirtió, a sus 20 años, en el tenista más joven en alcanzar esa instancia en el torneo chino. Una bestialidad para un pibe que hasta hace poco peleaba en Challenger y que hoy sueña con meterse entre los ocho de las ATP Finals de Turín.
A los 20, y sin complejos
El arranque fue complicado. Jódar perdió el primer set sin encontrarle la vuelta al juego del noruego. Pero el segundo parcial fue otra historia: más firme con el saque, más agresivo en los intercambios desde el fondo, y con una derecha que empezó a hacer daño. El 6-4 llegó con solidez y el tercer set fue un monólogo del español. El 6-3 final lo depositó en semifinales y desató una celebración medida, de las que no le gusta exagerar a nadie que sabe lo que falta.
Es su segunda semifinal en un Masters 1000. La primera había sido en Madrid, hace unos meses. Ahora, en Shanghái, vuelve a cruzarse con los grandes. Y lo mejor que le podía tocar en el camino era nada menos que Daniil Medvedev, el campeón de 2019, que viene de dejar en el camino a Tommy Paul con un marcador de 6-3, 1-6 y 6-3. El ruso cedió el segundo set de manera aplastante pero volvió a su nivel en el decisivo, como suele pasar con los que ya ganaron este tipo de torneos: nunca se van del todo.
¿Puede Jódar dar otro batacazo?
Puede. Ya demostró que no le pesa la historia ni el nombre del rival. Medvedev es durísimo, de los que te hacen sentir cada pelota en los pies, pero no es invenciable. Jódar tiene con qué: derecha pesada, desplazamiento aceptable y, sobre todo, esa frescura del que todavía no sabe lo que es perder una final grande. Si lo agarra entero y le mete presión con el saque, la sorpresa puede ser completa. Mientras tanto, una recomendación para el rival de la próxima fecha: no confiarse. Que este pibe ya le ganó a Ruud y no parece tenerles miedo ni a las luces de Shanghai ni a los flashes de Turín.
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