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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Un café y un modelo de IA: la nueva ecuación que ya funciona en bares del mundo

Locales de Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China ofrecen acceso a inteligencia artificial mientras el cliente consume una bebida. La propuesta cambia la lógica del coworking y plantea preguntas sobre costos, herramientas y límites del formato.

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Paula TisseraFolklore y tradiciones · · 3 min de lectura
Un café y un modelo de IA: la nueva ecuación que ya funciona en bares del mundo

Hay una escena que se repite cada vez en más ciudades del mundo: alguien se sienta en una mesa, le sirven un café, abre su computadora y empieza a programar, escribir o analizar datos con un modelo de inteligencia artificial que corre en los equipos del propio bar. No es magia ni una exageración: es un formato que ya funciona en locales de Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China, y que empieza a llamar la atención porque combina algo tan viejo como tomarse algo en un bar con algo tan nuevo como los modelos generativos que hoy dominan la conversación tecnológica.

La mecánica, según lo que pude reconstruir a partir de la información disponible, es bastante directa. El cliente lleva su notebook y, al pedir su bebida, accede a la capacidad de cómputo del establecimiento. La conexión puede habilitarse por una red local, un código QR u otro mecanismo que disponga cada negocio. A partir de ese acceso, la persona trabaja desde su propio dispositivo con los recursos que el local pone a disposición, ya sea para experimentar con un modelo, generar contenido o avanzar en un proyecto que, de otra forma, exigiría pagar una suscripción o contratar procesamiento en la nube.

Cómo se accede y qué se puede hacer

Para empezar, vale aclarar que las condiciones no son iguales en todos lados. El uso se contabiliza mediante tokens —la unidad que mide cuánto consume cada interacción con un modelo de IA— y algunos establecimientos permiten un consumo ilimitado mientras el usuario permanece allí. Esa posibilidad depende de la propuesta de cada espacio. Tampoco existe una oferta uniforme de herramientas: hay bares orientados a aplicaciones determinadas y otros que facilitan infraestructura de computación para distintos trabajos, lo que vuelve al formato un terreno todavía en construcción.

  • Programación y desarrollo de software con asistencia de modelos de IA.
  • Generación de contenido textual, imágenes o audio.
  • Análisis de información y procesamiento de datos.
  • Experimentación con modelos abiertos o cerrados según el local.

El formato tiene, además, puntos en contacto con un espacio de coworking clásico. Además de mesas y conexión a internet, ofrece capacidad de cómputo para trabajar con inteligencia artificial. Esa combinación puede reunir a estudiantes, desarrolladores, investigadores y emprendedores que necesitan estas herramientas para sus actividades cotidianas y que, hasta hace poco, dependían de suscripciones pagas o de tarjetas de crédito asociadas a servicios en la nube.

La bebida, entonces, pasa a formar parte de un servicio mucho más amplio. Quien se sienta a trabajar también obtiene acceso temporal a recursos que, fuera del establecimiento, tendría que contratar de manera particular. Sostener esa infraestructura no es trivial: implica comprar y mantener equipos, pagar la electricidad y asegurar su refrigeración. Son costos propios de una propuesta que suma equipamiento informático al funcionamiento habitual de un bar y que ofrece algo más que simple conectividad.

La utilidad concreta, como me dijeron varias veces mientras recorrí esta idea, depende siempre de las herramientas disponibles y de la tarea que cada persona quiera resolver durante su visita. No es lo mismo sentarse a escribir un borrador con ayuda de un modelo de lenguaje que probar un sistema complejo de visión por computadora. Cada barra tiene su menú y, ahora también, su menú de IA.

PT
Paula TisseraFolklore y tradiciones

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