Treinta años después, las brujas Owen todavía tienen cuentas pendientes
La secuela de Prácticamente magia resuelve la maldición familiar y el asalto del pariente sin poderes, pero deja a Gillian y a las más chicas con la puerta abierta. ¿Hacen falta tres películas o ya estaba todo dicho?

A veces conviene avisar antes de sentarse: Prácticamente magia 2 no es una secuela que nace de la inspiración artística, sino del revival en plataformas de streaming. La original tenía casi treinta años y se había transformado, sin querer, en película de culto millennial tardío. Con ese escenario, el regreso de Nicole Kidman y Sandra Bullock tenía más de operación nostalgia que de necesidad narrativa. Y ahí estamos: con un cierre que funciona, pero también con varios hilos colgando, como pullover heredado.
Lo que se resuelve
El conflicto grande llega de un pariente lejano, Tom Bailey, un Owen sin dones mágicos que quiere el libro de hechizos para cobrar deudas propias. El plan le sale mal y las hermanas lo bajan con un conjuro familiar, escena mediante. Queda simpático, pero no es lo que mueve la película. Lo que de verdad pesa pasa en Massachusetts, en paralelo: Frances descubre que la maldición que condena a los hombres que aman las mujeres Owen se rompe con un sacrificio personal. Lo hace. Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma, despierta. Fin de la maldición. Es el corazón de la película y el momento en que la saga, encima, deja de castigarse a sí misma.
Lo que queda dando vueltas
- El arco de Gillian, que nunca termina de cerrarse del todo.
- El futuro de las más jóvenes: Kylie y Sally recién empiezan a desarrollar sus propios poderes.
- Qué harán con el negocio familiar que las identifica como clan.
- La relación de Sally con Ian, el personaje nuevo que aparece en esta entrega, sin demasiado espacio para respirar.
Dicho esto: no hay escena poscréditos, no hay cameo sorpresa, no hay guiño al estilo Marvel avisando que hay más. La tercera parte, si llega, va a nacer más de la necesidad de cerrar esos arcos abiertos que de un gancho cinematográfico. Y eso, honestamente, se siente.
¿Vale la entrada?
Vale la mitad. La resolución de la maldición justifica volver al cine, sobre todo si uno vio la primera de chico y la lleva cruzada en la memoria afectiva. Pero el villano es bastante funcional y el romance de Sally con Ian entra y sale sin hacer ruido. Si la ven por streaming un martes a la noche, van a pasar un buen rato. Si van al cine, salgan con expectativa moderada.
Mi veredicto, en criollo
¿Tiene que haber una tercera parte? No es imprescindible, pero tampoco sería un disparate. La saga se construyó alrededor de una maldición que ya quedó resuelta, así que cualquier continuación va a tener que reinventarse. Mientras tanto, queda el consuelo: el elenco adulto sostiene la película con oficio, y hay una actriz joven, en el papel de Sally, que se banca las escenas más difíciles con una presencia que, me juego, va a dar que hablar. Atenta.
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