Roblox cumple veinte años y los padres siguen sin entender qué hacen sus hijos adentro
La divulgadora Julieta Schulkin investigó a fondo la plataforma y asegura que prohibir sin conocer es la peor salida. Claves para acompañar a los chicos en un mundo digital que ya es una plaza, un shopping y una red social al mismo tiempo.

Soy Marcos Ludueña y antes de meterme con Roblox les cuento lo que pasa del otro lado del mostrador: la ocupación hotelera para este fin de semana largo ronda el 75% en los destinos del centro del país y un 60% en la costa atlántica, según el relevamiento que manejamos en la redacción. Y como siempre, la comparamos con el mismo feriado del año pasado, cuando apenas si llegamos al 50% en el interior. Bueno, ahora sí, vamos a lo nuestro.
No es un juego, es un mundo
Roblox cumplió veinte años y sigue siendo uno de los lugares digitales donde más se juntan los pibes. La periodista y divulgadora Julieta Schulkin publicó una investigación entera sobre la plataforma y la conclusión es bastante directa: muchas familias tomaron decisiones a favor o en contra sin saber bien qué hay adentro. Y vaya si importa entenderlo: la propia plataforma aloja más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas.
Para los chicos, entrar a Roblox no es lo mismo que abrir un jueguito en la compu. Van a jugar, sí, pero también a encontrarse, a pasar el rato y, en muchos casos, a ocupar ese lugar que antes era la plaza o la esquina del barrio. Si como adultos no entendemos esa diferencia, cualquier medida que tomemos va a quedar corta.
“Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien. Si un chico no puede usar Roblox, lo más probable es que migre a otra plataforma de diseño similar.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora
Los Robux y la economía interna
Una de las cosas más opacas para los grandes es la moneda del lugar, los Robux, que se compran con plata real. Con esa moneda se consiguen elementos para el avatar, mascotas virtuales y servidores privados. Se puede jugar perfectamente sin gastar un peso, ojo, pero el que tiene Robux o pasa horas acumulando premios accede a ventajas que el resto no tiene. Schulkin lo explica con una imagen que me parece muy clara: adentro del juego se reproduce la misma estructura de clases sociales que en la calle.
Una red social con otro nombre
El costado social es lo que más se nos escapa. Los pibes se siguen entre sí, suman seguidores y arman grupos de amigos, y la propia plataforma les recomienda juegos según lo que juegan sus contactos. Eso la deja funcionando como una red social, aunque sus responsables insistan en diferenciarla. Negar esa lógica, dice Schulkin, no protege a nadie.
Qué pueden hacer las familias
- Ajustar los controles de privacidad antes de que el chico empiece a usar la cuenta.
- Revisar quién puede chatear con el menor y restringir el contacto con desconocidos.
- Activar las restricciones de contacto que ofrece la propia plataforma.
- Acompañar la primera navegación para entender qué tipo de juegos elige y con quién se junta.
- Hablar del gasto en Robux como se habla de cualquier gasto en la calle, con tope y referencia clara.
El riesgo más serio, y Schulkin lo dice sin vueltas, es el grooming: la posibilidad de que un adulto contacte a un menor adentro de la plataforma. Existe, está documentado y no se resuelve con un portazo. Se resuelve acompañando, configurando y conversando. Después de escribir esta nota me fui a comer a la parrilla Don Julio, en San Telmo, y me quedó dando vueltas una idea simple: los pibes no necesitan padres que les prohíban todo, sino padres que se sienten un rato con ellos a mirar cómo funciona el mundo al que quieren entrar.
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