Nicolas Cage en el papel de su vida: interpretarse a sí mismo y al que no pudo
Adaptation cumple veinte años como una de las más curiosas del cine reciente: Spike Jonze, Charlie Kaufman y un Nicolas Cage doblegado por su propio ego creativo.

Dicen que el cine es el arte de robarle el alma a los libros y hacerlos pasar por propios. En Adaptation, esaía se vuelve el tema central, el motor narrativo y, de paso, una excusa perfecta para que Nicolas Cage se desdoblen en dos como si fuera un juego de espejos en una casa de juegos.
Un libro, un guion y un actor en crisis
La historia nace del libro de Susan Orlean sobre la orquídea fantasma, una flor tan rara que parece inventada por Hollywood. Charlie Kaufman, el guionista encargado de adaptarla, se topa con la paradoja: no sabe cómo transformar ese ensayo en un blockbuster con principios de infarto. En lugar de resolver el problema, lo escribe. Y mete a su propio personaje en la película, sofríéndolo de bloqueos, inseguridades y ataques de pánico dignos de una terapiaexpress.
Hasta ahí, todo normal en una producción independiente de principios del milenio. Lo extraordinario es que a Kaufman se le ocurrió otorgarle a Nicolas Cage el papel de su hermano gemelo ficticio, Donald, un tipo simpático, nulo en lo creativo, pero con un olfato comercial que el propio Charlie envidia y detesta a la vez. Cage interpreta a los dos: al neurótico escritor que se odia y al cuñado entrañable que solo quiere un guion vendible. El resultado es un tour de force actoral que va del susurro al grito en una misma escena.
Vale la entrada, y con creces
Spike Jonze, que venía de filmar Being John Malkovich con el mismo Kaufman, construye aquí una comedia disfrazada de drama existencial disfrazado de comedia otra vez. Las capas se acumulan como capas de orquídea fantasma: ninguna es real, todas son fascinantes. La película se ríe de los talleres de escritura, de los ejecutivos que quieren felaciones con langostas, de los críticos que se creen genios y hasta del propio proceso de adaptación que la sostiene.
Cage, lejos de los blockbusters de acción que le dieron fama y fortuna, se entrega a la ordalía con una vulnerabilidad insólita. Hay una escena, ya mítica, donde su personaje Charlie intenta explicar por qué una orquídea obsesiona a Orlean y termina balbuceando como si le pidieran cuentas a él mismo por existir. Es cine del que duele y alivia a la vez.
Elenco secundario que se roba cada plano
Meryl Streep hace de una Susan Orlean entre fría y sensual, con una obsesión botánica que funciona como metáfora del deseo puro. Chris Cooper se lleva un Óscar merecidísimo como el traficante de orquídeas que vive en los pantanos de Florida con una intensidad casi religiosa. Y Tilda Swinton aparece lo justo para incomodar, que es lo suyo.
Pero hay alguien que casi nadie nombra y que se lleva mi aplauso silencioso: el director de fotografía, Lance Acord, que filma los interiores de la casa de Kaufman como si fueran jaulas doradas y los pantanos de Florida como si fueran infiernos verdes. Su trabajo es el que hace creíble que un guion imposible se convierta en una película posible.
Adaptation no es una película para todos. Es para quienes disfrutan del cine que se piensa a sí mismo mientras se proyecta, del acting que se arriesga a quedar en ridículo, de los guiones que se desangran en público. Vale la entrada, la mitad de la entrada y hasta el parking. Es, sin exagerar, una de las grandes películas sobre el arte de fracasar creativamente. Y una demostración de que Nicolas Cage, cuando se lo propone, puede ser el actor más valiente de Hollywood.
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