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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Moria, Netflix y dos Vadalá con el termómetro en la mano: la biografía que no deja conformes a todos

A menos de un mes del estreno, la serie de Moria Casán en Netflix acumula dos demandas judiciales de hijos de su exmarido Luis Vadalá. Una audiencia ya pasó y otra se viene. Los reclamos no piden bajar la serie: piden plata y disculpas.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 4 min de lectura
Moria, Netflix y dos Vadalá con el termómetro en la mano: la biografía que no deja conformes a todos

Una vedette, dos demandantes con el mismo apellido, un director de serie agregado al ring y un abogado que se dio el gusto de preguntar en público si ser mecánico es un insulto. A menos de un mes del desembarco de la serie biográfica de Moria Casán en Netflix, el ruido judicial le compite al ruido mediático. Lo que arrancó con una demanda de Ingrid Vadalá se completó ahora con la de Ramiro, su hermano, ambos hijos del primer marido de la One. La segunda cita ya tiene fecha: fines de septiembre.

Dos causas, un mismo blanco

Ramiro decidió no quedarse en la tribuna y se presentó a demandar a Netflix, a la productora y a Moria Casán. Le sumó un invitado que su hermana no había incluído: Javier Van de Couter, el director del proyecto. La movida tiene lógica procesal y tiene lectura política: meter al director en la mesa amplía el menú de responsabilidades y le sube el costo simbólico al conflicto.

El menú de agravios que presenta la demanda de Ramiro es repetido y, a la vez, conocido: daño psicológico, daño moral y perjuicio a la imagen del padre. El punto sensible, el que más se repite en los pasillos legales y mediáticos, es que la producción pintó a Luis Vadalá consumiendo sustancias, protagonizando escenas de violencia y, en el tramo más incómodo, mostrándolo desnudo frente a una hija menor de edad. Según los demandantes, esa puesta en escena destapó críticas públicas hacia la figura del padre.

Y acá viene un detalle que para mí cambia el humor de la nota: los hijos no piden que se editen las escenas ni que se baje la serie. La pretensión es más terrenal: un resarcimiento económico a calcular en audiencia, más un pedido de disculpas públicas. O sea, el dolor se traduce en plata y en un comunicado. Vale la pena detenerse ahí un segundo.

Lo que hasta ahora se conoce de la estrategia de la defensa es un tramo jugoso. César Carozza, abogado de Moria, tomó como bandera la escena donde al personaje se lo presenta con un origen humilde y un paso por un taller mecánico. Su devolución en el debate público fue tan simple como filosa: "¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?". La pregunta quedó flotando y es, probablemente, la única frase de toda la causa que se va a recordar sin esfuerzo.

Hay un dato de contexto que la mayoría de las notas se saltea y que a mí me parece clave: en 2007, Luis Vadalá participó de Gran Hermano Famosos y narró en primera persona, ante cámaras encendidas las 24 horas, varios de los episodios que hoy aparecen ficcionados en la serie. Lo que él mismo contó con su voz, ahora su propia familia lo discute en la Justicia. La ironía es tan gruesa que se siente sola.

Hay otro detalle que también ordena la discusión. La producción optó por no pronunciar el apellido Vadalá en ningún momento. Al personaje se lo llama siempre por su nombre de pila. Es un gesto que, en cualquier lectura jurídica, habla de un intento deliberado de correr el foco del linaje y llevarlo hacia la persona. Igual no alcanzó para apagar el teléfono de los abogados.

  • Ingrid Vadalá, hija de Luis, fue la primera en demandar y ya tuvo su primera audiencia.
  • Ramiro Vadalá se sumó poco después y amplió la demanda a Netflix, a la productora, a Moria Casán y al director Javier Van de Couter.
  • La primera audiencia de la segunda causa está prevista para fines de septiembre.
  • Los reclamos piden resarcimiento económico y disculpas públicas, no la baja ni la edición de la serie.
  • La defensa de Moria, a cargo de César Carozza, salió a cuestionar públicamente la idea de que retratar un origen humilde sea un agravio.

Mi veredicto sobre el conflicto, a esta altura, se inclina más por la pregunta que por la respuesta. ¿Una producción biográfica tiene que tener límites legales sobre cómo retrata al entorno del protagonista? ¿Y dónde se pone la línea entre la libertad de contar una historia y el derecho de los terceros a no quedar aplastados en el relato? La serie no va a bajar. La plata se va a discutir en Tribunales. Y el nombre Vadalá, aunque la producción lo esconda, va a seguir sonando por cada capítulo.

Y ya que estamos en el rubro elogios poco frecuentes, va uno merecido: la defensa de César Carozza, más allá de las chances del caso, eligió pelear el debate donde se pelea de verdad. Preguntar en voz alta si ser mecánico es un insulto es, en este país, un acto de coraje civico. No es un detalle menor. Por algo se gana el sueldo.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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