Mariano Moreno vuelve a poner el zapallo en el centro de la escena y regala semillas para que cualquiera se anime a sembrar
El municipio y el PRODA abren este martes 13 de octubre la segunda edición del concurso Ciudad Zapallo, con capacitación y entrega de kits sin costo en el Balneario Municipal; productores y vecinos sin experiencia pueden sumarse desde las 10 de la mañana.

Antes de que el artista salga al escenario, la peña ya está llena. Esa imagen que uno repite cada vez que arranca una noche de festival me vuelve a la cabeza cada vez que paso por el Balneario Municipal de Mariano Moreno: el río todavía bajo, el viento cruzando el playón y un grupo de gente que llega temprano con mate y reposera para no perderse nada. Algo de eso tiene la movida que se viene este martes 13 de octubre, porque desde las 10 de la mañana el municipio y el PRODA van a abrir de manera oficial la segunda edición del concurso Ciudad Zapallo 2026-2027, con una jornada de capacitación presencial y, lo que más llama la atención, con entrega de kits de semillas gratis a quienes se anoten en el momento. La convocatoria es abierta, no requiere inscripción previa y está pensada tanto para productores con años de experiencia como para vecinos que nunca sembraron una planta en su vida y quieren arrancar con una huerta familiar.
Una historia que vuelve al Valle del Covunco
A mí siempre me gusta detenerme en estos datos que parecen menores y que terminan explicando todo: el Valle del Covunco fue, hace ya muchas décadas, asiento de una colonia agrícola y pastoril, y el zapallo fue durante años uno de sus cultivos emblema. Que un concurso municipal lleve ese nombre no es un capricho ni un juego de palabras; es una manera de decirle a la comunidad que aquella identidad que se perdió en el tiempo todavía tiene vuelta. Por eso el programa apunta a retomar esa práctica desde las familias, desde el patio de casa o desde cualquier rincón donde se pueda clavar una pala.
La cara visible de la primera edición es Daniel Ceferino Panitrul, un ladrillero de 57 años que trabaja en el barrio Los Hornos, a unos ocho kilómetros del centro de Mariano Moreno. Panitrul lleva más de dos décadas produciendo ladrillos, primero en el taller de otro y desde 2008 en el propio, sobre el arroyo Covunco. Hace tres años, en el mismo predio donde amasa la arcilla, empezó a cultivar con semillas que le acercó el municipio y armó una huerta con papas, tomates y zapallos. En la última temporada cosechó un zapallo de 23,560 kilos que le valió el primer puesto en el certamen inaugural. Cuando le preguntaron por su historia, lo resumió con una frase que se repite en las peñas: "La producción de ladrillos me ayudó a vivir". Hoy sigue combinando ambas tareas, como si el barro y la verdura fueran, para él, dos caras de la misma costumbre de trabajar.
- Daniel Ceferino Panitrul (Los Hornos): 23,560 kilos, primer puesto.
- Antonio Moscoso (Covunco Arriba): 19,260 kilos, segundo puesto.
- Mariano Villagra (Los Hornos): 14,760 kilos, tercer puesto.
La funcionaria Carolina Gez, responsable del área de Producción municipal, fue quien acompañó a los huerteros durante todo el ciclo anterior y suele contar la experiencia con una frase que a mí me quedó sonando: "Cuando hay política pública y manos dispuestas, la tierra responde". Es una de esas definiciones que ordenan todo el resto: sin semillas repartidas, sin capacitación y sin alguien que esté del otro lado del mostrador para explicar cómo sembrar, el zapallo más grande del pueblo no hubiera pasado de ser una anécdota de domingo.
La jornada de este martes es, en ese sentido, el arranque formal de una nueva temporada. Quien se acerque al Balneario Municipal va a poder anotarse, retirar sus semillas y llevarse también las indicaciones básicas para empezar una huerta. No hace falta tener campo ni experiencia: alcanza con ganas de ensuciarse las manos. A veces, las noticias más lindas son las que arrancan con una bolsita de semillas y un instructivo, y uno se vuelve a casa con la sensación de que el año que viene, cuando llegue el otoño, puede estar cosechando su propio zapallo en el patio de la casa. Y mientras me iba del lugar, ya con el sol apenas levantándose, alguien decía al pasar, casi como al descuido: "Lo que se siembra con paciencia, se cosecha con asombro".
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