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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mafalda te espera en la esquina de siempre: una caminata para reencontrarse con Quino en San Telmo

La estatua de Chile y Defensa sigue siendo el punto de reunión de turistas y vecinos que quieren fotografiarse con la nena más preguntona del barrio. Hay paciencia para la fila, hay feria y hay que mirar bien lo que se compra: no todo lo que lleva su cara es de Quino.

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Paula TisseraFolklore y tradiciones · · 5 min de lectura
Mafalda te espera en la esquina de siempre: una caminata para reencontrarse con Quino en San Telmo

Antes de que llegue el turista con la cámara en alto, en la esquina de Chile y Defensa ya está don Carlos, un feriante de toda la vida que cada domingo apoya su banquito a metros de la estatua y le cuenta al aire quién fue el hombre que dibujó a esa chica de pelo negro y vincha. Cuando le pregunto por qué sigue viniendo, me dice, mientras acomoda unos pines en un trapo, que para él Mafalda es un poco la dueña del barrio y que mientras ella esté ahí, la peña no se pierde. Esa es la primera postal que se lleva uno cuando va a buscarla: la certeza de que el personaje de Quino no es un souvenir frío, sino un motivo de conversación entre vecinos, vendedores ambulantes y visitantes que se detienen con la misma sonrisa cómplice.

La esquina que se volvió peregrinaje

La dirección es concreta y conviene anotarla antes de salir: Defensa y Chile, pleno corazón de San Telmo. Allí, sentada en un banco con la mirada dirigida hacia la calle, está la escultura de Mafalda que forma parte del Paseo de la Historieta porteño, un recorrido al aire libre que homenajea a distintos personajes de la historieta argentina. La idea del paseo nació hace ya varios años como una manera de poner en valor el vínculo entre el barrio y los dibujantes que dejaron huella, y la incorporación de Mafalda fue, para los vecinos, un acto de justicia con el autor más universal del lugar.

Si la idea es sacarse una foto con ella, conviene ir mentalizado: la cola para posar junto a la estatua suele ser bastante larga, sobre todo los domingos por la mañana, y no hay un tiempo de espera informado por ninguna autoridad. Por eso, a la hora de organizar la salida, lo más razonable es tomar a Mafalda como una parada dentro de una caminata más amplia y no como el único objetivo de la mañana, porque si uno se impacienta, pierde lo mejor del paseo, que es justamente el ritmo lento del barrio.

La feria del domingo como escenario

El segundo acto del recorrido es la feria de San Telmo, que se monta sobre Defensa y se extiende entre las plazas y las calles laterales. Caminarla un domingo a la mañana es una experiencia que combina anticuarios, plateros, vendedores de cuero y artesanos que exponen sus piezas en la vereda. Entre los puestos más visitados están los que ofrecen objetos con la imagen de Mafalda: cerámicas pintadas a mano, mates con su cara, cuadernos, imanes, tazas, hasta muñecas tejidas con el pelo negro y la vincha que la volvieron inconfundible. Es la forma que tiene el barrio de abrazar al personaje y de hacer circular su imagen por el mundo, porque muchas de esas artesanías son las que después se llevan los turistas de vuelta a sus casas.

Ojo con las frases que Mafalda nunca dijo

Ahora bien, antes de comprar cualquier objeto, hay algo que los propios conocedores del barrio y los especialistas vienen repitiendo desde hace tiempo: no todo lo que lleva la cara de Mafalda es de Quino. En los puestos conviven piezas oficiales o autorizadas con otras que le adjudican al personaje frases que el humorista jamás escribió, sentencias inventadas que se le atribuyen porque suenan ingeniosas o punzantes. La regla práctica es simple: reconocer la cara de Mafalda en un objeto no garantiza que el mensaje provenga de las tiras, y vale la pena mirar dos veces antes de llevarse algo a casa pensando que es una cita textual de la historieta. La diferencia no es menor: una cosa es comprar un recuerdo del barrio y otra, muy distinta, es comprar una frase apócrifa en nombre de Quino.

El universo de personajes que la rodea

Acercarse a Mafalda por la calle es, también, una buena puerta de entrada al universo completo que Quino fue construyendo tira tras tira. La protagonista no está sola: a su alrededor crecieron Felipe, el chico que la quiere y al que ella complica con sus razonamientos; Manolito, el hijo del almacenero obsesionado con el dinero; Susanita, la pequeña burguesa preocupada por el status; Miguelito, el poeta romántico; Guille, el hermano menor que se cuela en las conversaciones de los grandes; y Libertad, la chica hippie y lúcida que muchas veces dice las verdades más incómodas. Para el humorista gráfico Tute, lo distintivo de Mafalda es justamente la complejidad de esas personalidades y la manera en que Quino incorporó a la historieta los asuntos del mundo, desde la política hasta la familia, pasando por la guerra y la injusticia.

Una caminata que se arma a medida

Lo mejor que tiene esta salida es que se puede armar a la medida de cada uno. Hay quienes van directo a la esquina, sacan su foto y se van; hay quienes bajan Defensa a paso lento, se detienen en cada puesto y terminan la mañana en Plaza Dorrego tomando un café. También están los que aprovechan para recorrer las otras esculturas del Paseo de la Historieta que están diseminadas por la zona, porque Mafalda no es la única huella que Quino y otros dibujantes dejaron en las veredas del barrio. En los comercios cercanos, además, suelen aparecer otras estatuas y referencias al personaje, de modo que la caminata se convierte en una especie de búsqueda del tesoro, donde cada esquina puede deparar una sorpresa.

Una mañana que termina al amanecer de la palabra

Al terminar el recorrido, mientras el sol empieza a pegar más fuerte y los puestos empiezan a levantar los trapos, una puestera mayor me dice, casi al oído y con la voz gastada de tantos domingos: "A Mafalda la quieren todos porque le hace las preguntas que los grandes no se animan a hacer". Esa frase, escuchada al amanecer sobre Defensa, termina de redondear la mañana: uno vuelve a su casa con la cámara llena, con algún cuaderno en la bolsa y con la sensación de haber caminado por un barrio que, de a ratos, todavía se sienta en la vereda a conversar con los personajes de su propia historia.

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Paula TisseraFolklore y tradiciones

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