El volcán Malacara abre sus cráteres al turismo en el sur mendocino
La familia Quezada administra las visitas en el paraje La Batra, cerca de Malargüe, tras los estudios de la geóloga Corina Risso. El recorrido atraviesa dos cárcavas y culmina en un mirador con vista a la laguna de Llancanelo.

En el sur de Mendoza, el volcán Malacara ofrece la posibilidad de caminar por su interior. El acceso se encuentra en el paraje La Batra, dentro de un campo de la familia Quezada, que administra las visitas. El recorrido atraviesa dos de las tres cárcavas que tiene el volcán en su parte alta y suma una subida hasta un mirador, desde donde se distingue a lo lejos la laguna de Llancanelo.
Un paisaje modelado por el agua y el magma
La experiencia se desarrolla entre paredes onduladas, sectores de roca amarilla y depósitos negros. La luz ingresa por las aberturas superiores y el aire frío circula entre las grietas, según confirmaron a este medio fuentes vinculadas al predio. Los tres cráteres que tiene el volcán quedan prácticamente ocultos para quien lo recorre desde abajo, por la forma del terreno y la vegetación.
La geóloga Corina Risso, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, explicó que el Malacara se formó por la interacción del magma con el agua, posiblemente de una antigua laguna. Ese contacto fragmentó la lava y la alteración de los materiales produjo buena parte de las superficies amarillas. Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. La erosión posterior, provocada por el agua y el viento, abrió los corredores que hoy se recorren durante la visita.
De la investigación al circuito turístico
La apertura turística cambió el uso de un sector del campo donde los Quezada criaban animales. En 2000, Risso llegó al lugar con la ayuda de Alberto 'Beto' Quezada. Dos años más tarde presentó sus investigaciones en Malargüe, mientras la familia comenzó a trabajar con guías de la zona. El acceso también tuvo una transformación: las primeras salidas se hacían a caballo por senderos del predio y en 2006 una antigua huella petrolera permitió ingresar con camioneta y luego con maquinaria para acondicionar el camino.
Qué se observa durante el recorrido
- Paredes onduladas con sectores de roca amarilla y depósitos negros.
- Dos cárcavas atravesadas a pie, con luz natural que ingresa por las aberturas superiores.
- Formaciones frágiles, que pueden desgranarse al contacto.
- Mirador con vista panorámica hacia la laguna de Llancanelo.
La propuesta combina caminata, observación de las formaciones volcánicas y una vista del paisaje desde el mirador. Los depósitos son frágiles y pueden desgranarse al tocarlos, según advirtió la geóloga. La visita queda sujeta a las condiciones del tiempo y a los operativos de la familia administradora.
En desarrollo.
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