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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Garbanzos al horno con zanahoria y tahini: una ensalada templada que se arma en 40 minutos

Garbanzos cocidos, zanahoria en láminas y cebolla de verdeo van al calor del horno con pimentón y jengibre, y se terminan con una salsa cremosa a base de tahini, limón y salsa de soja. El plato se sirve tibio y admite hojas verdes, cereal o crackers como acompañamiento.

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Facundo ReynaAmbiente y sierras · · 2 min de lectura
Garbanzos al horno con zanahoria y tahini: una ensalada templada que se arma en 40 minutos

Una fuente con alrededor de 30 minutos de cocción alcanza para convertir un paquete de garbanzos cocidos, unas zanahorias y un puñado de verdes de cebolla de verdeo en una ensalada templada, con cuerpo y bastante sabor. La preparación aprovecha el horno como herramienta central y reserva para el final un aderezo batido en frío, a base de pasta de tahini, jugo de limón, salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva, que termina de unir todos los ingredientes.

El paso por el horno

La receta plantea una cocción de 30 minutos, con una pausa a la mitad del tiempo para revolver la fuente y lograr que las verduras y los garbanzos se doren de manera pareja. Antes de llevarla al horno se distribuyen los garbanzos en el centro de una fuente adecuada, y alrededor se acomodan las zanahorias cortadas en láminas delgadas junto con la cebolla de verdeo picada. Sobre el armado se espolvorean pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, y se agregan dos cucharadas de aceite de oliva. La mezcla final es la que va al horno, aunque el material no precisa la temperatura ni las cantidades exactas de cada vegetal.

La salsa de tahini

En paralelo se prepara el aderezo en un bol chico. Se combinan el tahini, el jugo de limón, la salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Después se suma agua caliente y se bate con energía: al principio la preparación parece cortada, pero al seguir revolviendo se emulsiona y queda cremosa y blanquecina, lista para volcar sobre los garbanzos y las verduras apenas la fuente sale del horno. El cierre es pimienta negra recién agregada y un hilo de aceite de sésamo.

  • Acompañar con hojas verdes para una versión más liviana.
  • Sumar una porción de cereal, como arroz integral o quinoa, para convertirla en un plato principal.
  • Servir con crackers de semillas, sin agregar otra preparación extra.

El sésamo aparece dos veces en el plato: como pasta dentro de la salsa y como aceite en la terminación, y eso le da al conjunto un punto tostado profundo que sobresale por encima del pimentón y el jengibre. La consistencia final es suave, con los garbanzos enteros, las láminas de zanahoria blandas y el verdeo todavía perceptible. Quien prefiera una versión más fresca puede esperar a que la fuente enfríe unos minutos antes de mezclar con la salsa; quien la quiera más caliente puede servirla apenas se incorpora el aderezo.

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Facundo ReynaAmbiente y sierras

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