Flórez en el Colón: cuando el tenor deja la lira y agarra la guitarra
Juan Diego Flórez volvió al Teatro Colón con un programa que mezcló Mozart, Rossini y Donizetti con canciones de Gardel y Chabuca Granda. Habló de cómo elige esos temas, de su pasado rockero y del trabajo con chicos en Sinfonía por el Perú.

Hay regresos que se anuncian a pura marquesina, y otros que llegan con un programa tan ecléctico que uno no sabe si va a un templo de la lírica o a un bar con doble fondo. Lo de Juan Diego Flórez el 22 de septiembre en el Colón fue exactamente eso: un viaje en el que conviven Mozart, Rossini, Donizetti y Gounod con Gardel y Chabuca Granda, todo condimentado con una guitarra que aparece cuando las luces del repertorio serio empiezan a apagarse. Vale la entrada, y de sobra.
El backstage del repertorio
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Flórez contó que la elección de las canciones que se lleva al escenario no responde a un manual. A veces lo decide una melodía, a veces una letra y, otras, un recuerdo atado a la pieza. Incluso hay noches en las que prueba los temas en el camarín y resuelve ahí mismo qué va a compartir con el público cuando termine la parte seria del concierto. Un método tan artesanal como descontracturado: la selección se cocina a último momento, con la misma libertad con la que uno elige qué tinto abrir.
Y ojo, que la cosa no es capricho de estrella. El propio Flórez lo dijo: en su casa se escuchaba música criolla, después se le cruzó el rock y más tarde la trova. A los quince años ya tocaba la guitarra y escribía las suyas, sin imaginar todavía que el destino le tenía reservado un palco en la ópera. De esa etapa, contó, le queda el impulso de explorar y de cantar sin pedir permiso al género.
La ópera como ida y vuelta
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Esa historia previa no queda guardada en un cajón: alimenta el modo en que aborda a los personajes del repertorio grande. Para el peruano, los años de carrera sirven para descubrir sentidos nuevos en las mismas palabras y en las mismas frases musicales. La técnica vocal, insistió, está al servicio de comunicar lo que vive cada personaje, con la idea de que esas historias sigan resultando reconocibles aunque hayan sido escritas hace siglos.
Sinfonía por el Perú: la música como herramienta
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La mirada sobre la interpretación se replica cuando se sienta a hacer música con los chicos de Sinfonía por el Perú. Flórez sostuvo que el trabajo con niños y jóvenes puede ayudarlos a desarrollar confianza, a escucharse y a colaborar. Y vinculó su decisión de compartir lo que sabe con el acompañamiento que él mismo recibió durante su formación: devolver en cuotas lo que recibió a crédito abierto.
- La canción popular convive en su carrera con el repertorio operístico desde antes de debutar en los grandes escenarios.
- En los conciertos, la guitarra aparece en los bises como puente hacia Gardel y Chabuca Granda.
- La selección de los temas populares se define muchas veces en el camarín, sobre la marcha.
- Para el tenor, la técnica vocal es una herramienta para contar historias, no un fin en sí misma.
- Sinfonía por el Perú trabaja con niños y jóvenes en el desarrollo de confianza, escucha y colaboración a través de la música.
Al final de la noche, quedó flotando una pregunta que el propio programa dispara: qué lugar deberían tener las canciones populares en un concierto de ópera. La respuesta de Flórez, sin necesidad de palabras, fue musical: si la guitarra entra al Colón y el público se queda a pedirla, es porque la frontera entre la lírica y el cancionero nunca fue tan rígida como algunos gustan dibujar. Vale la mitad del ticket nada más por esa obstinación de no querer ser un señor serio las veinticuatro horas del día.
Y ya que estamos, va un elogio merecidísimo para alguien del elenco que casi nunca aparece en los titulares: la guitarra que lo acompañó en los bises. Sostuvo Gardel, sostuvo a Chabuca Granda, sostuvo al público en vilo sin decir una sola palabra. Una labor discreta que, esa noche, fue el verdadero punto de equilibrio entre dos mundos.
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