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El ovario no se apaga: un estudio en proteínas revela que sigue trabajando décadas después de la menopausia

Una investigación de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento detectó cambios graduales en 5.812 proteínas del tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años, con procesos inflamatorios y de reparación que se acentúan después de los 70.

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Inés AltamiranoAlta Gracia y Paravachasca · · 4 min de lectura
El ovario no se apaga: un estudio en proteínas revela que sigue trabajando décadas después de la menopausia

La menopausia se presenta, en general, como una frontera definitiva: el cuerpo deja de producir óvulos, las hormonas sexuales se reorganizan y el ovario entra en una zona gris que la medicina suele tratar como una etapa de silencio. Una investigación publicada en la revista Aging Cell viene a desordenar esa idea: el ovario no se apaga. Sigue activo, con cambios moleculares que se extienden durante décadas y que, a partir de los 70 años, muestran señales más profundas de inflamación y reparación.

Lo curioso es que el hallazgo no salió de una hipótesis nueva, sino de algo más silencioso: mirar el tejido con una lupa de proteínas. Equipos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos en Estados Unidos, analizaron 28 muestras de tejido ovárico sin patología maligna, obtenidas de mujeres operadas por indicaciones benignas, distribuidas en tres franjas: 50 a 59 años, 60 a 69 y 70 o más. Con espectrometría de masas, cuantificaron 5.812 grupos de proteínas y los compararon entre los grupos.

Qué dicen las proteínas

A mayor edad, crecieron las proteínas asociadas a la inflamación, a la respuesta inmunitaria innata y al recambio de la matriz extracelular, esa red de moléculas que sostiene a los tejidos como si fuera una armadura. En paralelo, bajaron las proteínas vinculadas a la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas. El cuadro describe un órgano que va dejando atrás su función de mantener una estructura rígida para moverse hacia procesos de reparación y señalización más pronunciados.

  • 5.812 grupos de proteínas cuantificados mediante espectrometría de masas.
  • 28 muestras de tejido ovárico sin patología maligna, de mujeres de 50 a 75 años.
  • 117 proteínas alteradas en mujeres de 70 años o más respecto de las de 50 a 59: 84 disminuidas y 33 aumentadas.
  • Mayor presencia de proteínas vinculadas a inflamación, respuesta inmunitaria innata y recambio de la matriz extracelular con el paso de los años.
  • Disminución de proteínas asociadas a la arquitectura celular y a los filamentos estructurales.
  • Coincidencia parcial con proteínas previamente asociadas a cáncer de ovario, especialmente en la franja de 60 a 69 años, en muestras que no presentaban signos tumorales.

En el grupo de 70 años o más se identificaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las mujeres de 50 a 59: 84 habían disminuido y 33 habían aumentado. El patrón no habla de un fallo, sino de una transición. Como si el ovario se replegara de su tarea estructural para sumarse a un trabajo más vinculado al sistema inmune y a la reparación del tejido.

“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del estudio

El estudio también cruzó sus perfiles proteicos con datos previos sobre cáncer de ovario. En la franja de 60 a 69 años apareció mayor presencia de algunas proteínas antes vinculadas a ese tipo de tumor, alrededor de la edad mediana de diagnóstico. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de cáncer y que esa coincidencia, por ahora, no pasa de ser una observación molecular que merece más estudios.

En el trabajo queda flotando una pregunta que toca de lleno la salud de las mujeres mayores: si el ovario sigue activo y modificando su biología durante décadas, qué impacto real tiene eso en el riesgo de enfermedades inflamatorias, autoinmunes o tumorales que aparecen con el envejecimiento. Los autores son cautelosos y no proponen recomendaciones clínicas a partir de estos resultados. Sostienen que el siguiente paso es ampliar el número de muestras y extender la mirada a otros órganos para entender si este patrón es exclusivo del ovario o forma parte de una lógica más general del cuerpo que envejece.

Para quienes creían que después de la menopausia el ovario se convertía en un adorno del cuerpo, este estudio llega a recordarlo: incluso en silencio aparente, un órgano puede seguir trabajando. La menopausia, parece, no es un corte definitivo sino un cambio de función que sigue dando señales moleculares, al menos hasta los 75 años, que fue lo que esta vez se animó a medir la lupa.

IA
Inés AltamiranoAlta Gracia y Paravachasca

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