El Batman que Ben Affleck soñó y Joe Manganiello desnuda en un libro
Las memorias del actor revelan, escena por escena, la película que nunca se filmó: una cacería de Deathstroke por Gotham, un Gordon muerto y una pelea final calcada de un videojuego. Un guionazo que la mafia de Hollywood dejó pudrirse en un cajón.

Lo dice Joe Manganiello en sus memorias y uno no sabe si reírse o llorar: Ben Affleck tenía lista la mejor película de Batman que jamás vamos a ver. Una que mezclaba el thriller psicológico de David Fincher con las trompadas callejeras de los mejores videojuegos, que mataba al comisionado Gordon en el tercer acto y que terminaba con un mano a mano Deathstroke-Batman por las azoteas de Gotham filmado como si fuera una cinemática de Arkham Origins. Y la guardó en un cajón. Así, tal cual. Conmueve, de verdad.
La trama que Affleck concibió y que el libro destapa
Manganiello estaba convocado para hacer de Slade Wilson, más conocido como Deathstroke, el mercenario con un ojo lleno de furia. La idea de Affleck era simple y brutal: contar una historia a lo The Game, la película de Fincher donde Michael Douglas no sabe qué es real y qué no. En esta versión, Deathstroke llega a la conclusión de que Batman mató a su hijo. ¿La prueba? Ninguna. ¿La paciencia? Cero. Entonces el tipo irrumpe en la Baticueva, secuestra a Alfred y ajusta cuentas con Jim Gordon. Es decir: el mayordomo como rehén y el comisario como cadáver. Pocas veces un punto de partida fue tan jugoso y tan desaprovechado.
Una Batgirl nueva y un final en tren elevado
Como si el planteo fuera poco, el guion sumaba a una Batgirl que Affleck aún no había Castingueado. La heroína se sumaba al Caballero Oscuro para cazar a Deathstroke, se peleaban los tres hasta quedar medio muertos y escapaban en un tren elevado. Ojo: no estoy spoilenado nada porque la película no existe. Pero la imagen mental es tan potente que dan ganas de ir a protestar a Warner para que la financien retroactivamente.
La pelea final: directamente del joystick a la pantalla
Y acá viene lo mejor. Según cuenta Manganiello, Affleck le confirmó que la secuencia definitiva iba a replicar la cinemática de apertura de Batman: Arkham Origins, el videojuego de 2013 cuya dirección de esa escena estuvo a cargo de Tim Miller, el mismo que después arrancó Deadpool. Traduzco: en lugar de rodar una pelea genérica con cortes cada tres segundos, Affleck quería coreografiar un combate callejero con la planificación de cámara de un gamer viendo una intro interactiva. Obsesivo, arriesgado, brillante. Cineasta hablando con otro lenguaje.
¿Por qué no se hizo? Ah, misterio
El proyecto se cayó. Las razones concretas son un combo de egos, cambios de mando en Warner, la salida de Affleck como director de la Justice League de Zack Snyder y la decisión estratégica de resetear todo el universo. Después llegó Robert Pattinson bajo la batuta de Matt Reeves con The Batman en 2022, una película correcta pero a años luz de esta locura conceptual. Mientras tanto, en el nuevo DC de James Gunn y Peter Safran, el personaje tiene dos destinos abiertos: The Brave and the Bold, donde se supone que volverá a cruzarse con Deathstroke, y The Batman Part II, la secuela del film de Pattinson. Nada que ver con el monstruo que Affleck tenía entre manos.
Vale la entrada. Y aclaro: vale la entrada por el libro, no por la película que vamos a extrañar para siempre. Mientras Warner sigue buscando la fórmula mágica para revivir al murciélago, queda flotando la pregunta más cruel del oficio: cuántos Affleck, cuántos guiones geniales se pudren todos los años en oficinas donde alguien dijo "después lo vemos" y nunca más lo vieron. Y el aplauso que nadie reparte va para Tim Miller, el director de aquella cinemática de Arkham Origins. Porque si hoy sabemos que Affleck pensaba en su trabajo como modelo es, en gran parte, porque ese muchacho filmó hace más de una década una pelea de videojuego que se volvió referencia ineludible. Y de eso, sí que vale la pena acordarse.
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