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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando bajar la grasa corporal de más empieza a jugarte en contra: lo que los especialistas quieren que sepas

El tejido adiposo no es solo reserva de energía: regula hormonas, protege huesos y sostiene el sistema inmune. Especialistas de Oxford, Míchigan y la Universidad Estatal de Wayne advierten que llevarlo a mínimos extremos puede comprometer la salud, incluso en quienes entrenan. Un recorrido por los números, los métodos de medición y los errores más frecuentes al buscar la "definición".

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Inés AltamiranoAlta Gracia y Paravachasca · · 4 min de lectura
Cuando bajar la grasa corporal de más empieza a jugarte en contra: lo que los especialistas quieren que sepas

Lo escucho todo el tiempo en el gimnasio de la esquina, en la plaza de Alta Gracia y en las conversaciones que se arman después de una carrera por la sierras: si llegás al uno o al dos por ciento de grasa corporal, estás "definido". La idea se repite como si fuera una verdad revelada, pero la ciencia viene diciendo hace rato que ese número, así, suelto, no dice mucho. Y en algunos casos directamente puede ser una mala noticia para el cuerpo.

El tejido adiposo no está ahí solo para quejarnos cuando el pantalón no sube. Además de guardar combustible, fabrica hormonas, regula la temperatura, protege órganos y participa en la respuesta inmune. Llevar esas reservas a un piso demasiado bajo, explican los especialistas, puede alterar funciones que ni se nos cruzan por la cabeza cuando nos subimos a la balanza.

Un número, mil verdades a medias

El porcentaje de grasa, leído de manera aislada, alcanza apenas para una foto incompleta. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, dónde se acumula esa grasa. La balanza de bioimpedancia, que es la que tienen la mayoría de los gimnasios, puede dar resultados distintos según cuán hidratado estés ese día. Los pliegues cutáneos, esos que mide el profesor con un calibre, sirven para estimar la grasa subcutánea pero no dicen nada de la que se pega a los órganos.

La densitometría DEXA, en cambio, distingue entre grasa, masa magra y masa ósea. Es más precisa, pero necesita un equipo especial y suele ser cara. Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, la usó en un trabajo con más de setecientos deportistas. Los mínimos que registró fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis en mujeres. Muy lejos de ese uno o dos por ciento que muchos persiguen como si fuera un trofeo.

Qué pasa cuando el cuerpo se queda sin respaldo

Jessica Maung, investigadora en enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo resume con una claridad que me quedó dando vueltas: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando la restricción calórica es muy agresiva, el cuerpo empieza a tirar del músculo para sacar energía. Y no solo eso: también se resiente la generación de tejido óseo y la capacidad del cuerpo de repararlo.

El cuadro hormonal también se mueve. En hombres que comen por debajo de lo que necesitan, la testosterona puede caer, y con ella la energía y el rendimiento. En deportistas mujeres, los niveles demasiado bajos se asocian con irregularidades en el ciclo o directamente con la ausencia de menstruación. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó un dato que me preocupó: tener pocas reservas dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves.

  • Llevar la grasa corporal a mínimos extremos puede forzar al cuerpo a usar músculo como fuente de energía, perdiendo masa que costó ganar.
  • Los niveles hormonales se alteran: la testosterona puede descender en hombres y aparecer irregularidades menstruales en mujeres deportistas.
  • La producción de leptina, la hormona que le avisa al cerebro cuánta energía hay disponible, cae junto con la grasa, lo que lleva al organismo a "apagar" funciones para ahorrar.
  • La respuesta inmune se resiente: con poca reserva, el cuerpo pelea peor contra infecciones serias.
  • La salud ósea sufre: generar y reparar tejido óseo exige un mínimo de reservas que la restricción calórica deja sin cubrir.

La explicación está en lo que hace ese tejido tan cuestionado. Además de guardar energía, produce leptina, una hormona que le dice al cerebro cuánta nafta hay en el tanque. Si esa señal cae porque las reservas están en el piso, el cuerpo interpreta que estamos en emergencia y empieza a recortar: menos energía, menos funciones reproductivas, menos reparación. Es un mecanismo de supervivencia, pero nadie te avisa cuando lo activás a propósito en busca de un six pack.

El otro extremo tampoco es joda

Acá viene el truco que muchos saltean: el exceso también importa, y mucho, sobre todo cuando la grasa se acumula alrededor de los órganos. La grasa visceral, esa que no se ve pero se siente, favorece la liberación de sustancias que inflaman el cuerpo y predisponen a enfermedades metabólicas y cardiovasculares. O sea: ni el piso ni el techo son buena noticia si los cruzás sin mirar quién te está acompañando.

Después de leer todo esto me acordé de Marcelo, un vecino del barrio Villa Oviedo que entrena hace años y cada verano vuelve con la misma frase: "Llevo un mes comiendo solo pollo y ensalada". Le dije lo que dicen los investigadores: que un número en la balanza, sin contexto, no le garantiza salud ni mejor forma, y que la próxima vez que baje hasta el diez por ciento se acuerde de preguntarle a su cuerpo si está funcionando como debería, y no solo a la foto del espejo.

El reclamo pendiente es de manual: falta información accesible y políticas deportivas que obliguen a los gimnasios a contar con profesionales que sepan leer estos estudios. Mientras tanto, la próxima consulta, antes de tirar la balanza por la ventana o de obsesionarse con el pliegue del abdomen, es con un médico que entienda de composición corporal. La definición muscular, si no cuida la salud, deja de ser un logro y se vuelve un problema.

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Inés AltamiranoAlta Gracia y Paravachasca

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