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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Consumo en retroceso y financiamiento más caro: el IVA como termómetro de una economía que se enfría

La recaudación del impuesto al valor agregado refleja una caída sostenida de las ventas minoristas en términos reales, mientras las tasas reales positivas encarecen los préstamos y la morosidad empresarial crece por encima del 50 por ciento interanual.

VC
Verónica CeballosEconomía regional · · 3 min de lectura
Consumo en retroceso y financiamiento más caro: el IVA como termómetro de una economía que se enfría

Verónica Ceballos, Economía regional — El indicador más actualizado del pulso del comercio argentino vuelve a dar señales adversas. La recaudación del Impuesto al Valor Agregado, considerada por los analistas como un termómetro de alta frecuencia sobre el consumo minorista, muestra que las ventas continúan perdiendo terreno en términos reales, esto es, descontado el efecto de la inflación acumulada. En otras palabras, los hogares argentinos están comprando una menor cantidad de bienes aun cuando los precios nominales se mantienen en expansión.

Vamos a los números

La dinámica responde a dos factores que se retroalimentan. Por un lado, el poder adquisitivo de los salarios y de los ingresos no logró recomponerse al ritmo de la suba de precios, lo que limita la capacidad de compra de las familias. Por el otro, el costo del financiamiento se encareció de manera pronunciada: las tasas de interés reales —aquellas que superan la inflación esperada— volvieron el crédito más oneroso tanto para los hogares como para las firmas. El resultado se observa en decisiones postergadas que recorren toda la escala de consumo, desde la reposición de un electrodoméstico hasta la adquisición de un automotor usado, pasando por la postergación de obras de refacción y la cancelación de compras en cuotas sin interés que, en el nuevo escenario, dejaron de ser una opción competitiva.

El fenómeno, además, no se limita a los hogares. Las empresas enfrentan el mismo doble impacto: ventas más débiles y un costo del dinero más elevado. De acuerdo con los datos disponibles, la cantidad de compañías clasificadas en una situación diferente de la normal dentro del sistema financiero ascendió a 58.982 firmas, lo que representa un incremento del 53 por ciento respecto del mismo registro doce meses atrás. La suba de la morosidad empresaria configura un cuadro en el que se postergan inversiones que, en condiciones más favorables, podrían traducirse en mayor empleo y actividad productiva.

El efecto del tipo de cambio sobre la actividad

El relativamente bajo nivel del tipo de cambio tuvo consecuencias heterogéneas sobre la economía real. Por el lado de los precios, abarató ciertos bienes importados y abarató el turismo al exterior para los tenedores de pesos, que encontraron más conveniente vacacionar fuera del país. Sin embargo, esa misma dinámica sobre la competitividad de los sectores industriales y regionales que compiten de manera directa con productos del extranjero, un dato relevante para las economías del interior del país que dependen de la sustitución de importaciones como fuente de demanda.

La diferencia entre el ahorro privado en divisas y el resultado del comercio exterior ilustra la magnitud de la fuga. En los últimos dieciocho meses, las personas compraron alrededor de 36.500 millones de dólares, en tanto el saldo acumulado de la balanza comercial para el mismo período alcanzó 29.132 millones de dólares. La brecha, superior a los 7.000 millones de dólares, muestra que la demanda privada de moneda estadounidense superó con holgura lo que generó el intercambio de bienes con el resto del mundo, un dato que ningún indicador del consumo puede ignorar al momento de diagnosticar la dinámica agregada.

En definitiva, la convergencia de tres fenómenos —consumo privado deprimido, costo del crédito en alza y morosidad empresarial creciente— configura un escenario en el que los costos del ajuste se perciben con nitidez en el plano cotidiano. La pregunta que ordena el debate económico de los próximos meses es cuánto tiempo más puede sostenerse esa presión sobre el bolsillo de las familias antes de que el consumo encuentre un piso y comience, al menos de manera incipiente, un sendero de recuperación.

VC
Verónica CeballosEconomía regional

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