Un hospital de Nagoya puso a prueba un robot humanoide con IA para recibir pacientes y levantar bandejas
La experiencia se hizo a fines de agosto con el modelo D1, de la firma Zeals, que mide 129 centímetros y tiene dos brazos con capacidad para cinco kilos cada uno.

Soy Marcos Ludueña, desde la sección Turismo, y esta semana la ocupación hotelera viene movida con el arranque de septiembre. El pronóstico para el finde es bueno, así que muchos van a estar pensando en escapadas. Pero antes de hacer la valija, vale la pena detenerse en una noticia que llegó desde Japón y que pinta cómo se viene la mano con la robótica en los servicios.
Un hospital de la ciudad de Nagoya, en el centro de Japón, terminó a fines de agosto de 2026 una prueba con un robot con inteligencia artificial. La idea era ver cómo se desempeñaba en dos tareas bien concretas: orientar a los visitantes que llegaban al edificio y colaborar en el comedor levantando y despejando mesas. Nada glamoroso, pero justamente por eso sirve como banco de prueba: son tareas cotidianas que cualquier persona puede observar y evaluar.
Cómo es el robot D1 que se usó en el ensayo
- Mide 129 centímetros de altura y se mueve sobre ruedas, en una estructura de tipo humanoide.
- Tiene una cámara que le permite reconocer rostros en el entorno donde trabaja.
- Cuenta con dos brazos capaces de levantar hasta cinco kilogramos cada uno.
- Está pensado para operar en interiores, no en la calle.
- Su precio arranca en cinco millones de yenes, el equivalente a unos 32.000 dólares.
El equipo se llama D1 y lo fabrica la empresa Zeals. Para su director ejecutivo, Masahiro Shimizu, la prueba en el hospital sirve para juntar datos de entrenamiento y comprobar que la máquina resulte útil en situaciones reales. La compañía apunta a fabricar 100 unidades antes de marzo de 2027 y a acumular 10.000 horas de operación, un objetivo ambicioso pero que muestra a las claras cómo se acelera la curva.
El plan comercial no pasa por vender los robots de manera directa. Zeals trabaja con distribuidores y socios que ofrecen los equipos en arrendamiento, una modalidad que ya se ve con otra maquinaria industrial en el país asiático. Eso baja la barrera de entrada para clínicas y empresas chicas que quieran probar sin hacer una inversión inicial tan fuerte.
Lo de Nagoya no queda como un caso aislado. La compañía Kakuichi, de la prefectura de Nagano, que comercializa acero y sistemas de gestión energética, proyecta sumar un humanoide en abril de 2027, junto con el ingreso de sus nuevos graduados. Con la ayuda de Play Robotics, piensa destinarlo a manufactura, ventas y otras áreas para que aprenda mediante tareas concretas. Su director ejecutivo, Riu Tanaka, fue claro: ese desarrollo requiere preparar a los empleados para sacarle jugo al equipo.
Seguros y política pública, las dos puntas del despliegue
La movida también trae aparejado el negocio asegurador. Mitsui Sumitomo Insurance se asoció con Zeals para ofrecer pólizas a los usuarios del D1. Masaki Oshiro, gerente de una sucursal de la aseguradora, señaló entre los riesgos posibles los daños a personas o bienes y las filtraciones de información por ataques informáticos. Un recordatorio de que, cuando una máquina nueva entra a un hospital o a una fábrica, hay que pensar también en qué pasa si algo sale mal.
En paralelo, el gobierno japonés se puso un objetivo fuerte: llegar a diez millones de robots con inteligencia artificial en funcionamiento antes de 2040. La movida responde a una necesidad concreta: conseguir personal para hospitales y fábricas en un país con una población que envejece a toda máquina. Por eso la experiencia de Nagoya importa más allá de la anécdota: es un ladrillo más en una estrategia país.
Comparado con esta misma época del año pasado, cuando los ensayos con humanoides todavía se mostraban sobre todo en ferias de tecnología y videos virales, ahora se ve un salto claro: robots probándose en hospitales, empresas ajustando sus plantillas y aseguradoras diseñando pólizas a medida. La robótica de servicio dejó de ser promesa y empezó a sentarse, literal, en el comedor de un hospital.
Si andás por Nagoya y te toca pasar por el hospital donde se hizo la prueba, sentate un rato en el café de la esquina del complejo, que suele ser un buen lugar para comer algo económico y mirar el movimiento de pacientes y visitantes. Y de paso, si ves al D1 dando vueltas, no te asustes: viene a levantar la mesa, no a sacarte el asiento.
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