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Umbralejo: el pueblo de pizarra que volvió a tener vida después de muerto

En el corazón de la Sierra Norte de Guadalajara, una aldea fantasma de pastores resucitó como aula ambiental. Acá te cuento cómo es recorrerla y qué se puede hacer en los alrededores.

ML
Marcos LudueñaTurismo · · 3 min de lectura
Umbralejo: el pueblo de pizarra que volvió a tener vida después de muerto

Te hago una confesión: arranqué la nota revisando cómo viene la ocupación hotelera en la zona este fin de semana. Y la verdad es que Umbralejo no es un pueblo para ir a dormir: es para ir a caminar, a mirar y a comer algo rico después. Vamos por partes.

A unos 70 kilómetros de la ciudad de Guadalajara, metido en el Parque Natural Sierra Norte, está Umbralejo. Es uno de los ocho pueblos que forman el conjunto conocido como Arquitectura Negra, llamado así por el color oscuro de la cuarcita y la pizarra con que están levantadas sus paredes. Arquitectura Negra que, dicho sea de paso, este año parece estar colgada del pincel de cualquier artista: la rehabilitación está impecable.

De cabañas de pastores a pueblo fantasma

Umbralejo arrancó como un puñadito de chozas de pastores y, con el paso de los años, se fue estirando en casas, pajares y callejones irregulares. Sus vecinos vivían de la ganadería, de los cultivos de secano y, más tarde, del carbón vegetal. Nada fuera de lo común para la montaña española de mediados del siglo XX.

Como tantas aldeas serranas, sufrió el éxodo rural. Falta de servicios, aislamiento y económica flaca vaciaron las casas hacia fines de los años 60. Y lo que el hombre abandona, el invierno lo destroza: durante décadas, las heladas y la nieve larga fueron dejando las construcciones en carne viva.

La vuelta del Estado y la sorpresa de los visitantes

La recuperación llegó en los años 80, cuando el Ministerio de Medio Ambiente compró el pueblo. La idea era reconvertirlo en un Aula de Naturaleza dentro del Programa Experimental de Recuperación de Pueblos Abandonados. La premisa fue clara: manos a la obra, pero sin traicionar lo que había. Se rehabilitaron unos 70 edificios entre casas y pajares, respetando el diseño, los materiales y las estructuras originales.

Hoy Umbralejo funciona como sede de estancias temporales para grupos de estudiantes y docentes que participan en programas de educación ambiental, salud, convivencia y recuperación etnográfica. Cuando uno entra y ve a los chicos trabajando en el museo etnográfico, instalado en una vivienda original, entiende por qué esta experiencia engancha.

Qué hacer y dónde parar a comer

  • Recorrer las calles de piedra y meterse en el museo etnográfico, que funciona dentro de una casa original del pueblo.
  • Si el clima acompaña (ojo, los inviernos en la Sierra Norte son bravos), tirar la mochila y hacer senderismo hacia el Pico Ocejón y sus alrededores.
  • Sumarse a la ruta de los Pueblos de la Arquitectura Negra, que junta ocho aldeas con la misma estética de pizarra y cuarcita en el extremo oeste del Sistema Central.
  • Terminar la jornada comiendo en alguno de los pueblos cercanos del valle, donde todavía se sirven platos de cuchara de toda la vida y carnes a la brasa.

Si lo comparo con esta misma fecha del año pasado, noto un repunte interesante de consultas por turismo rural en la Sierra Norte. Parece que el cansancio de las ciudades grandes está empujando a la gente hacia estos pueblos que renacieron de abajo. Umbralejo, que estaba muerto y hoy vuelve a tener voces adentro, es la prueba de que a veces lo que se abandona todavía guarda una vida debajo.

ML
Marcos LudueñaTurismo

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