Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Punto Serrano

Punto Serrano

Sarah Paulson se calza el sayo de Aileen Wuornos y la serie la manda a dormir a la casa de los Borden: un atropello que la ficción se cobra con una sonrisa

La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy cruza a Lizzie Borden con la asesina de Florida. Lo que la pantalla muestra como obsesión y estadía en la casa de los Borden no tiene un solo papel firmado que lo respalde. Acá lo que hay, lo que falta y lo que se inventaron.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 4 min de lectura
Sarah Paulson se calza el sayo de Aileen Wuornos y la serie la manda a dormir a la casa de los Borden: un atropello que la ficción se cobra con una sonrisa

Vaya uno a saber qué carpeta verde sacó Ryan Murphy del placard, pero lo cierto es que este año la máquina de hacer monstruos decidió aggiornarse: ya no alcanza con contar un caso resonante, ahora hay que emparentarlo con otro para justificar la continuidad de la franquicia. Y así, como quien no quiere la cosa, la cuarta entrega de Monstruo le endilgó a Sarah Paulson el papel de Aileen Wuornos, la asesina serial de Florida ejecutada en 2002. La promesa era jugosa: el cruce entre Lizzie Borden y Wuornos, dos mujeres convertidas en mito criminal, conviviendo en una misma narración. El problema es que, a la hora de los papeles, el cruce es más voluntarista que otra cosa.

Lo que muestra la pantalla y lo que dicen los archivos

Conviene separar la paja del trigo. Por un lado están los hechos verificables del caso Wuornos: seis asesinatos en Florida entre 1989 y 1990, la confesión de siete víctimas, la primera versión de defensa propia que luego se cayó a pedazos, las seis condenas a muerte y la inyección letal a los 46 años. Por el otro, lo que la ficción decide hacer con esa historia. Y acá es donde la serie se da maña para meter a Wuornos en la casa de los Borden como si hubiera ido a pasar el fin de semana, o para sugerir una obsesión con Lizzie que no figura en ningún expediente, ni en una carta, ni en una postal, ni en una servilleta de bar.

  • No hay pruebas de que Wuornos sintiera la fascinación por Borden que la serie da por sentada a partir del cuarto episodio.
  • Tampoco hay registro de que haya visitado la vivienda de los Borden o pasado una noche allí, recurso central del sexto capítulo.
  • La conexión entre ambas se construye con lecturas, una visita y encuentros imaginarios convenientemente escritos por el guion.
  • La visita y la permanencia en la casa funcionan como montaje: la cámara intercala la investigación de 1892 con la estadía de Wuornos, y de ahí sale la identificación entre las dos.

El recurso narrativo y la palabra de los creadores

El cocreador Ian Brennan salió a dar explicaciones con la mejor de las sonrisas: dijo que la intención era darle a Wuornos un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz. Traducido: como la realidad le negó a Wuorneys una despedida medianamente digna, la ficción le regaló una aparición fantasmal con Lizzie Borden esperándola del otro lado. La movida tiene su lógica narrativa, claro. Pero también tiene un costo: cuando una serie basada en hechos reales decide poblar de visiones y estadías imaginarias el recorrido de una asesina real, está pidiéndole al espectador que confunda el deseo del guionista con la crónica judicial. Y eso, en un producto que se presenta como antología de monstruos verdaderos, es cuando menos un abuso.

Ahora, lo que no se le puede negar a la entrega es el oficio. La construcción del acercamiento entre Lizzie y Wuornos está medida con regla y compás: arranque con un encuentro en la carretera de Florida en 1988, Wuornos mata a un hombre de un disparo y se cruza con el recorrido de Borden. Más tarde, la vemos leyendo con su novia un libro sobre Lizzie y encontrando en esa historia un espejo. El sexto capítulo es el más arriesgado: Wuornos pasa una noche en la casa de los Borden mientras el montaje va y vuelve entre el siglo XIX y fines del XX. Visiones, cruces, solapamientos. La máquina narrativa funciona, aun cuando uno sabe que está mirando una licencia grande como una casa.

Mi veredicto: vale la entrada, pero con el ceño fruncido

La pregunta que queda dando vueltas es si estas licencias tienen derecho a instalarse sin asterisco en una serie de casos reales. Mi opinión, para lo que sirva: pueden, pero deberían venir con un cartelito luminoso que diga "esto es de nuestra cosecha". Mientras tanto, Sarah Paulson hace lo que puede con un personaje al que le inventaron una obsesión y le regalaron una estadía fantasma: se la cree, le pone el cuerpo, le da textura. Vale la entrada por ella y por el mecanismo de relojería de Brennan y Murphy, aunque duela un poco ver cómo se tropezan con la verdad histórica para que la trama cierre redonda. La marquesina promete monstruos y los entrega, pero conviene no confundir la vitrina con el archivo.

“La intención era darle a Wuornos un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz. Esa decisión la tomamos nosotros, no la historia.”Ian Brennan, cocreador de la serie

Y ya que estamos: una mención merecidísima para la actriz que se anima a sostener el visionado cuando el guion se pone más caprichoso que veraz. Nadie la nombra en los títulos, pero quien mire los últimos dos episodios sabe que sin ella la casa de los Borden se queda sin. Chapeau.

CB
Claudia BustosEspectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo