Sabalenka y Rybakina, mano a mano en la final del US Open: la número 1 se define en Nueva York
La bielorrusa quiere su tercer título seguido en Flushing Meadows y defender la cima del ranking; la kazaja llega como nueva número 1 del mundo tras 99 semanas de su rival en lo más alto.

Arrancó la jornada con Sabalenka sacando a Pegula de la cancha y la cerró Rybakina dándose el gusto de dejar afuera a la local Gauff. Las dos mejores del momento se citaron en la final del US Open sin regalar nada en el camino.
Aryna no necesitó un gran partido para resolver la suya. La bielorrusa quebró en el duodécimo juego del primer set, se lo llevó 7-5 y después aceleró para cerrar el segundo 6-2 en poco más de 80 minutos. Resultado justo para una jugadora que sigue haciendo del cemento estadounidense su patio preferido.
Minuto 80: Rybakina da vuelta la historia
Del otro lado, Rybakina labró su pasaje a golpes de paciencia. Perdió el primer set 4-6 con todo el público de Nueva York empujando a Gauff, mejoró el primer servicio, aguantó los intercambios largos y se quedó con los dos siguientes por 6-4. El marcador final fue 4-6, 6-4 y 6-4.
El premio extra llegó sin jugarlo todavía: con la final asegurada, la kazaja le sacó el número 1 del ranking WTA a Sabalenka después de 99 semanas seguidas en la cima. Dato que le cambia el ánimo a cualquiera antes de una final.
Lo que se viene en el Arthur Ashe
- Sabalenka va por su tercer título consecutivo en el US Open y por el bicampeonato que la metería en el club de las más dominantes de la historia del torneo.
- Rybakina debuta como número 1 del mundo en una final de Grand Slam y quiere su primer trofeo en Flushing Meadows.
- El cruce de estilos promete: potencia y agresión desde el fondo contra solidez y servicios profundos.
- La velocidad del cemento neoyorquino favorece a las dos, así que el partido se define en los detalles.
Yo me quedo con Sabalenka. Le tengo fe a la que ya ganó dos veces seguidas en la misma cancha. Pero ojo con la kazaja: llega con el envión de desbancar a la reina del ranking y eso, en una final, pesa. A Rybakina le regalo la última sonrisa para el vestuario y después, el sábado, a jugar.
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