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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ojo por ojo, pantalla por pantalla: el hospital neuquino que sale a buscar a los chicos antes de que sea tarde

Este jueves, el Castro Rendón abre su servicio de Oftalmología para una jornada gratuita de control visual pediátrico. Atienden por orden de llegada, de 8 a 14, y prometen detectar a tiempo el ojo vago y otras trampas modernas. Acá te contamos cómo anotarte y por qué conviene no quedarse en casa.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 3 min de lectura
Ojo por ojo, pantalla por pantalla: el hospital neuquino que sale a buscar a los chicos antes de que sea tarde

Vamos a ser francos: la marquesina de esta semana no es un estreno de Broadway ni un recital de estadio. Es un hospital público de Neuquén que va a revisarles la vista a pibes de entre 4 y 14 años, gratis y sin turno. Y sin embargo, vale la entrada, y con creces. Porque cuando el ojo se escapa sin que nadie lo note, el reloj empieza a correr, y la ventana para arreglarlo se cierra más rápido de lo que cualquier padre quisiera.

La cita es este jueves, de 8 a 14, en el Hospital Provincial Castro Rendón, Santa Fe 350, pleno centro neuquino. No hace falta sacar turno, no hace falta llamar por WhatsApp, no hace falta pedir favores. Se llega, se saca número por orden de llegada y se atiende. Lo único que piden es el DNI del chico o la chica para registrarlo en el sistema ANDES, y si la familia tiene estudios visuales anteriores, mejor llevarlos. Cuatro datos, una mañana, y un problema a veces invisible que puede estar arruinándole la escolaridad a más de uno.

Ojo vago: la enfermedad que se cura solo si se pilla a tiempo

“Ambliopía es el término técnico para referirse a un ojo que no funciona como corresponde y que, si se diagnostica en el momento oportuno, tiene tratamiento.”Natalia Racigh, subjefa de Oftalmología del Hospital Castro Rendón

La subjefa lo dijo con la claridad que se agradece en estos tiempos: ambliopía, o como le decimos todos, ojo vago, es un ojo que el cerebro decide ignorar. En vez de trabajar con los dos, el cerebro hace trampa y se queda con el ojo dominante. El otro queda en off, y si nadie lo endereza antes de los 13 o 14 años, chau: las conexiones se fijan y el parche ya no sirve para siempre. Por eso la jornada apunta a esa franja etaria, la última oportunidad razonable de meterle el hombro al problema y ganar.

El tratamiento, cuando se pilla a tiempo, no es ciencia espacial: anteojos más parche sobre el ojo bueno para obligar al cerebro a hacer trabajar al vago. Suena rudimentario, funciona. Lo que no funciona es la negligentitis, esa costumbre de pensar que el chico ve mal porque se hace el malo o porque no quiere leer. A veces no es capricho: es un ojo que está pidiendo ayuda a los gritos y nadie lo escucha.

Pantallas, miopía y la epidemia que nadie quiere ver

  • El calendario oficial arranca al mes de vida y sigue a los seis meses, al año y medio, a los tres y a los cinco. Después, un control anual hasta terminar el colegio.
  • En jornadas anteriores del hospital, más de la mitad de los chicos revisados dieron con alguna falla en la agudeza visual. Más de la mitad, ojo.
  • El abuso de pantallas desde la primera infancia fuerza el enfoque de cerca y empuja la miopía. También explica esos dolores de cabeza repetidos que muchos chicos arrastran en la escuela.
  • Si en la jornada se detecta algo raro, el equipo del Castro Rendón deriva al paciente a consulta ambulatoria para empezar el tratamiento sin dar vueltas.

Y acá viene el dato que a mí, como adulta responsable de un par de chicos que viven pegados al celular, me pegó fuerte: en controles previos del propio hospital, más de la mitad de los pibes atendidos tenían alguna falla. Más de la mitad. O sea, la excepción dejó de ser la excepción hace rato y empezó a ser la regla disfrazada de normalidad.

¿Mi recomendación, que nadie me pidió? Lleven a los chicos. Sáquense la mañana, hagan cola, beban un café en el pasillo, aguanten el número. Si está todo bien, se vuelven tranquilos. Si hay algo, lo agarran a tiempo, que es la única ventaja real en esta vida. Y un elogio merecidísimo para la subjefa Natalia Racigh y el equipo de Oftalmología del Castro Rendón, que en lugar de quedarse esperando que los padres lleguen a la guardia con un problema hecho bola, salen a buscarlo ellos puerta por puerta. Eso, en un país donde la salud pública se cae a pedazos, también se agradece.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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