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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Los pibes se están matando y nosotros mirando el celular

El suicidio ya es la primera causa de muerte entre los 15 y los 34 años en la Argentina. Una psicóloga del CAS de Buenos Aires cuenta qué mirar, cómo escuchar y por qué nunca es tarde para hacer algo.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 4 min de lectura
Los pibes se están matando y nosotros mirando el celular

Hay cifras que no necesitan título catástrofe para sacudirte. Esta es una: en 2025 se quitaron la vida 5.209 personas en la Argentina. En 2017, 3.304. O sea, en ocho años los suicidios crecieron un 57,7%. Y dejaron de ser una tragedia silenciosa para convertirse en la principal causa de muerte entre los 15 y los 34 años, por encima de los accidentes de tránsito. La tasa pasó de 8,2 a 11,8 cada 100.000 habitantes. La Organización Mundial de la Salud viene alertando hace rato: esto no es un problema argentino, es un problema planetario. Pero acá lo vivimos en casa.

Conversé con María Fernanda Azcoitía, psicóloga y directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires, el CAS, que trabaja desde hace décadas con familias y con personas en crisis. Y me dijo lo que repito cada vez que puedo: no, no es un acto impulsivo, no es un rayo en cielo despejado, no es que al pibe le agarró de golpe. Casi siempre hay señales. Casi siempre hay tiempo. Casi siempre alguien alrededor supo algo y no supo qué hacer con eso.

Pandemia, vuelta a la escuela y un mundo que apretó más

Azcoitía pone el foco en algo que a mí me partió la cabeza: la pandemia les pegó distinto a los pibes que ya la venían pasando mal con los vínculos. Para los adolescentes con dificultades para conectarse, el aislamiento no fue un recreo largo. Fue un ensayo general de soledad. Y cuando volvieron a la presencialidad, se encontraron con exigencias sociales para las que no tenían herramientas. Imaginate: dos años sin practicar cómo se está con el otro, y de golpe el aula llena, los grupos, las fiestas, los ojos de los demás.

“El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón.”María Fernanda Azcoitía, directora del CAS

La psicóloga es taxativa con esto. Nada de buscar un culpable único. No es solo la crisis económica, no es solo la separación de los padres, no es solo el bullying del aula virtual. Todo eso puede estar, pero la mezcla es lo que mata. Factores psicológicos, familiares, biológicos, relacionales. Cuando se combinan y se acumulan, ahí el cuadro se pone crítico.

Qué mirar, cómo mirar

Acá viene lo que sirve llevarse a casa. Porque uno, como madre, padre, tía, maestra, compañero de trabajo, se pregunta: y yo qué hago, cómo me doy cuenta. La especialista lo resume en una idea central: no hay lista de síntomas universales, lo que hay es cambio respecto del patrón habitual.

  • Un pibe que siempre fue de salir con amigos y de golpe se enclaustra en la pieza durante semanas.
  • Una chica que era tranquila y aparece con conductas disruptivas, faltas de respeto, reacciones explosivas fuera de carácter.
  • Adolescentes que empiezan a regalar cosas que les importaban, como si estuvieran cerrando carpetas.
  • Cambios fuertes en el sueño, en el apetito, en la higiene, en el rendimiento escolar.
  • Frases del estilo "sin mí van a estar mejor", "estoy cansado de todo", "no le encuentro sentido a nada", tomadas con la seriedad que merecen.
  • Uso de alcohol o de sustancias que antes no estaban, o un aumento marcado.
  • Abandono de actividades que la persona disfrutaba.

¿Ves? No es una sola señal, es el combo. Y sobre todo, es la diferencia con cómo era antes. Por eso la observación requiere conocer al pibe, al amigo, al compañero. El aislamiento por sí solo no alcanza para diagnosticar nada; el aislamiento en alguien que era todo lo contrario, sí prende una alarma.

Los jóvenes que viven solos y el peso de las pantallas

Para los adultos jóvenes que se fueron de la casa, la mirada la tienen que poner los compañeros de trabajo, los amigos, los vecinos. Azcoitía menciona algunos factores que elevan el riesgo: el uso de las redes sociales como único canal de contacto, las adicciones, los trastornos alimentarios, el bullying, los abusos y los conflictos familiares. Con las plataformas digitales la psicóloga no hace una condena genérica. Sí advierte que cuando reemplazan los vínculos reales, y cuando quien las usa está vulnerable, el combo se vuelve peligroso. El like no reemplaza un abrazo, una cena, un llamado a las tres de la mañana.

¿Vale la entrada leer esta nota? Vale. Porque lo que menos queremos es enterarnos tarde. Una cosa más: en medio de la charla, la directora del CAS mencionó a un equipo de operadores telefónicos que atiende las líneas de ayuda las 24 horas. Gente que escucha crisis todos los días, que sostiene conversaciones durísimas con desconocidos y que, muchas veces, es lo único que se interpone entre una persona y el peor desenlace. A esos operadores anónimos, vaya este reconocimiento: están haciendo un trabajo que la mayoría no podría ni imaginar.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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