La isla soñada por dos pibas que no quieren soltarse la mano
DreamWorks se mete en Filipinas con una aventura animada sobre la amistad adolescente, los recuerdos que pesan y la separación que nadie quiere. Una historia que mezcla mundos fantásticos con la pulseada diaria de crecer.

Acá llega DreamWorks otra vez, esta vez con dos pibas filipinas y un viaje a mundos imposibles. La promesa es tentadora: amistad, fantasía y una separación que duele de verdad. Vale la entrada, aunque con algunas curvas. Vamos por partes.
Dos amigas, una mudanza y un mundo entero por recordar
Raissa y Jo son las protagonistas y, como varias de nosotras a los quince, están a punto de separarse. Una se va, la otra se queda, y los recuerdos compartidos se vuelven el territorio donde la película se planta. Eso le da al relato algo más que un montón de: algo que se siente de verdad.
La historia sigue el pulso clásico de la aventura animada: conocidas de otras ciudades, se meten en líos, suman aliados y se topan con una villana que las persigue. Pero el motor emocional no es pelear contra la mala, sino entender que soltar también es querer. Eso le da espesor a un género que suele quedarse en la superficie.
Filipinas como paisaje y no como souvenir
Una de las decisiones más inteligentes de la dirección (Joel Crawford y Januel Mercado) es usar Filipinas como escenario y no como postal. Las costumbres y la identidad del lugar aparecen tejidas en el relato, no colgadas como souvenir. Para una historia de adolescente que se pregunta de dónde es, eso es un golazo visual.
Cosas que funcionan y cosas que se chocan
El ritmo es ágil y la mezcla de estilos de animación tiene personalidad. Aparecen referencias a los ochentas que arrancan una sonrisa y gags apoyados puramente en el humor físico. Pero el vértigo de cambios de mundo a veces atropella los momentos más sensibles. Cuando el relato respira, emociona; cuando corre, se desinfla un poco.
Los personajes muestran fallas y no quedan pegados a la etiqueta del héroe. Eso, en una peli para adolescentes, no es menor. Menos previsible, más. La relación entre Raissa y Jo carga con el tramo más emotivo y es donde la historia se luce.
Para ver en familia, sin sentir que estás cumpliendo
El público para el que está pensada se siente cómodo: la diversión manda, la emoción se cuela y el mensaje sobre los recuerdos llega sin golpear con un sermón. Para una salida con hijos en edad de hacer preguntas incómodas, o para revisar propia historia de mudanzas y despedidas, la película funciona. Sobre todo si alguien quiere volver a sentir en el estómago eso de extrañar a alguien que todavía no se fue.
¿Y si te quedaron ganas de más?
- Busca la noche más larga: una ciudad y sus recuerdos
- De aquí en más: aventuras extrañas y vínculos que se construyen
- El mundo perdido de los ochos: animación ochentosa con corazón
- Dos más, dos menos: combinar viajes y amistades
- La chica del bosque pintado: fantasía visual con pulso indie
Antes de irte, una mención que no aparece en ningún lado: la secundaria del personaje de Jo, que todavía no recibió el elogio que merece. Su voz crocante y la forma en que frunce la nariz cuando algo le cierra es lo mejor del elenco. Nadie la nombra, pero deja el sello en toda la película.
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