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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Hot Wheels Infinite Rush: cuando el autito de la infancia se manda al mundo abierto

Milestone largó un arcade de velocidad con cuatro islas, más de 150 autos y casi todo lo que se cruza en el camino se puede romper. Acá lo que funciona, lo que aburre y a quién le va a gustar de verdad.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 2 min de lectura
Hot Wheels Infinite Rush: cuando el autito de la infancia se manda al mundo abierto

Hay una fantasía que todos tuvimos de chicos: agarrar el Hot Wheels, hacerlo chocar contra la pared del living y gritar que era un derrape en Nürburgring. Milestone tomó esa fantasía, la infló hasta hacerla videojuego y la tiró a un mundo abierto. ¿El resultado? Hot Wheels Infinite Rush, un arcade de velocidad sin campaña, sin historia y sin demasiadas explicaciones. Para algunos, eso es gloria pura. Para otros, una hora de juego alcanza.

Cuatro islas y una sola idea en la cabeza

El mapa se divide en Wheelswood, una ciudad con rascacielos y tránsito; Tentacle Bay, una zona costera con playas y ecosistemas variados; Gearville, una mezcla rara entre naves industriales y dunas de desierto; y Drifty Temples, una región con inspiración oriental y caminos de montaña que parecen hechos a medida para derrapar. Todo es enorme, todo está vacío de narrativa y todo se rompe: árboles, farolas, autos civiles. La sensación es la de una maqueta gigante a la que le podés tirar con un bate.

Cuatro tipos de manejo, un solo botón

  • Bólidos: velocidad pura y turbo que se recarga acelerando a fondo.
  • Derrapadores: nitro gratis cada vez que tomás una curva en sideways.
  • Equilibrados: generan energía con casi cualquier maniobra, los más fáciles.
  • Titanes: los todoterreno, pensados para el barro y la arena con recarga automática de turbo.

Más de 150 autitos y un editor para pintarlos a tu gusto

Para los obsesivos del coleccionable hay más de 150 vehículos: prototipos de la propia marca, licencias de fabricantes reales y fichas históricas de cada modelo. También suma un editor de pintura, rines e interiores, más un editor de pistas para armar circuitos propios. Los modos multijugador van desde el competitivo con ranking hasta el cooperativo o el casual para jugar sin presión.

Lo técnico: 60 cuadros estables, pero con algunas perlitas

El juego se mueve a 60 fotogramas por segundo de manera sólida, algo clave en un arcade de velocidad. Algunas texturas cargan con algo de demora y los tiempos para reaparecer en la isla después de un evento rondan el minuto, un detalle molesto si lo que querés es acelerar sin pausa. El sonido, en cambio, es de lo mejor: el impacto metálico cuando chocás contra un container suena casi lujoso.

¿Vale la entrada, vale la mitad o no vale? Mi veredicto: vale la mitad, con recomendación clara para dos públicos muy puntuales: los fans de la marca, que van a babear con los modelos y el editor, y los que buscan acción sin complicaciones ni tutoriales eternos. Para el resto, queda como una curiosidad simpática que dura lo que dura. Y un elogio merecido para el equipo de sonido, que es el verdadero héroe silencioso de esta entrega.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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