Guy Ritchie estira la franquicia y esta vez la apuesta le sale mejor que en la primera vuelta
Eddie Horniman vuelve más oscuro, más ambicioso y bastante menos aristocrático. La segunda temporada de "The Gentlemen" se anima a salir del jardín inglés y meterle mafia italiana, política y dilemas morales a un protagonista que ya no se banca que le digan qué hacer.

Acá estoy de nuevo, señoras y señores, sentada frente al mismo aviso de Netflix que me vendió la primera temporada de The Gentlemen como si fuera una comedia de gentlemen con puntera de Gucci. spoiler: era una historia de narcos disfrazada de corbata. Y yo, como buena incauta, le di play. Ahora vuelven con una segunda entrega, y les cuento algo: vale la entrada. No, no me volví loca. Es que esta vez la cosa tiene más vuelo.
El duque ya no huele a lavanda
Theo James vuelve a ponerse el traje de Eddie Horniman, el Duque de Halstead, pero ojo: el pibe que llegó casi por casualidad al negocio de la familia Glass ya no existe. Ahora quiere estirar el imperio del cannabis más allá de las islas británicas, meter la nariz en política y sacarse de encima la sombra enorme de Bobby Glass, el patriarca que está más preocupado por su despertar espiritual que por expandirlo todo un poco más.
La serie arranca tres meses antes de una escena donde lo vemos al pobre Eddie arrastrándose por un campo embarrado, medio muerto. Ese flashback temprano es un gancho clásico: ya sabemos cómo termina mal, ahora nos falta ver cómo llegó ahí. Y ahí es donde la cosa se pone interesante, porque Eddie empieza a entender una verdad incómoda: los buenos modales, en este rubro, se leen como debilidad.
- El aristócrata británico que se hace gangster: Eddie Horniman se aleja del gentleman que era y se acerca, cada vez más, a un capo de manual.
- Una mafia italiana con acento y todo: entran Marco Moretti, a cargo de Sergio Castellitto, y Cico Maldini, con Michele Morrone, para complicarle la vida a medio continente.
- Bobby Glass como obstáculo: el patriarca quiere paz interior; Eddie quiere más negocio. No hay manera de conciliar eso.
- Guy Ritchie afilando el humor negro: la violencia sigue estilizada, el humor sigue ácido, pero ahora la historia también dice algo sobre el poder y lo que cuesta acumularlo.
El precio de ser el jefe
Lo que más me gustó de esta vuelta es una pregunta que la serie se anima a hacer en voz alta: ¿hasta dónde puede llegar alguien antes de que el camino sea irreversible? Eddie gana control, sí, pero también se va quedando solo. Hay un punto, en algún lugar del medio, donde el personaje deja de parecerse al tipo que arrancó la serie y empieza a parecerse a esos antihéroes que Ritchie sabe dibujar como nadie.
“Ritchie mantiene la violence estilizada, el humor negro y el despliegue visual de la primera entrega, pero esta vez los pone al servicio de una historia sobre el poder y sus consecuencias.”Claudia Bustos
Mi veredicto, como siempre, sin anestesia: vale la entrada. Es más ambiciosa, más oscura y, sobre todo, más honesta con su protagonista. Pero si tengo que quedarme con alguien del elenco, me quedo con Sergio Castellitto. Le alcanza con una mirada y un apretón de manos para imponer más que varios cap mafiosos con orquesta y todo. Un tipo que entiende que el verdadero poder no se levanta la voz.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Gran Hermano Generación Dorada entra en su recta final con una rareza histórica: cuatro mujeres, ninguna mención al patriarcado

Disney+ lanza el tráiler de Marvel Zombies con héroes en versión zombi

El fantasma de Gatsby: la decisión que Nicholson todavía no se perdona
