Esa palabra que se esconde cuando más la necesitamos y por qué no hay que asustarse
La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas explica qué hacer cuando el término no sale, cuándo es solo una pausa pasajera y en qué momento conviene consultar a un profesional. Claves para entender un fenómeno tan común como incómodo.

Hay una crueldad muy particular en el idioma: saber exactamente lo que querés decir y, sin embargo, el término se hace el misterioso. A mí, por ejemplo, me pasó la semana pasada intentando pedir un cosa esa con palito y helado. Ah, sí: un alfajor. El cerebro, que se supone que es nuestro aliado, decide tomarse un café justo cuando más lo necesitamos. La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas dice que ese fenómeno, conocido como la punta de la lengua, no es ni un castigo divino ni un presagio de desastre. Es, simplemente, un pequeño cortocircuito entre lo que sabemos y lo que logramos pronunciar.
Recursos para cazar la palabra fugitiva
Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, propone una caja de herramientas bastante terrenal: buscar un sinónimo, describir aquello que se quiere nombrar, pensar en la letra con la que empieza, en para qué sirve o en qué se diferencia de otras cosas. Son pequeños rodeos que, casi siempre, llevan al término perdido. Yo lo confirmo: la otra día, atascada con la palabra "destornillador", la recuperé pensando en "esa cosa que gira tornillos". Funcionó. La especialista también sugiere conversar sobre temas que nos interesan y contar las cosas con nuestras propias palabras, como ejercicios para mantener la fluidez verbal. Dos actividades nobles y baratas: hablar y escuchar.
Cuándo hay que dejar la paciencia y consultar
Ahora bien: la pregunta del millón, la que todos nos hacemos después del tercer "se me fue la palabra" en una semana. ¿Cuándo empieza a ser un problema? La respuesta de Sánchez Salinas es clara como el agua: cuando el fenómeno se vuelve frecuente, cuando aparecen confusiones con objetos de todos los días o cuando cuesta sostener una conversación. También merecen levantar la guardia los cambios notorios que la propia persona percibe o que los demás notan a su alrededor. En esos casos, una evaluación clínica y neuropsicológica puede poner orden en el asunto y orientar cualquier tratamiento que haga falta.
El criterio, explica la especialista, es observar dos cosas: si la dificultad representa un cambio respecto de cómo la persona se comunicaba antes y si le complica la vida cotidiana. Si la respuesta es sí a las dos, vale la entrada sentarse en el consultorio. Si es un episodio aislado entre café y café, probablemente no sea nada grave.
“Acceder a una palabra requiere activar primero su significado y después recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno de punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse por un momento.”Camila Sánchez Salinas, neuropsicóloga
- Pensar en la letra inicial del término buscado.
- Describir para qué sirve o qué características tiene.
- Buscar un sinónimo o rodear la palabra.
- Conversar sobre temas de interés con palabras propias.
- Reducir las distracciones para sostener el hilo de la charla.
Sánchez Salinas aclara algo que a los que pasamos los cuarenta nos saca un peso de encima: la pausa puede ocurrir a cualquier edad, sobre todo cuando hay cansancio, distracción o presión. Con los años se hace más habitual, sí, pero eso no significa que la palabra se haya perdido. A veces aparece unos minutos después, solita, cuando dejás de acosarla. El envejecimiento, explica, no modifica todas las capacidades del lenguaje por igual: puede costar más recuperar ciertos términos, pero la comprensión cotidiana suele mantenerse intacta. Un consuelo pequeño, pero consuelo al fin.
Vale la entrada esta charla con la doctora Sánchez Salinas, que tiene la virtud de explicar algo complejo sin hacer sentir tonto a nadie. Y un elogio final, como es costumbre: va para el lector que llegó hasta acá y reconoció, al menos, tres de los cinco items de la lista. Que no se preocupen: la palabra siempre vuelve. Aunque a veces tarde lo suyo.
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