Ensalada de huevo sin papa: el clásico yanqui que ahora se reinventa para la mesa argentina
Con yemas pisadas, mayonesa, mostaza y pepinillos, esta preparación fría se luce en sándwiches o sobre tostadas y se luce como guarnición. Acá, el paso a paso para que salga cremosa y con el punto justo de vinagre.

Me crié viendo cómo mi vieja rellenaba los sándwiches del viaje con lo que había en la heladera. Pero ojo: esta receta que me pasó una cocinera amiga no es la ensaladilla rusa de toda la vida. Acá el huevo se come solo, bien sentado, sin discutirle el sillón a la papa. Y el resultado es una crema fresca, con crunch de pepinillo y un dejo ácido de mostaza que levanta cualquier merienda.
Los cuatro grupos de ingredientes, separados antes de empezar
- Para la salsa: yemas cocidas, mayonesa, vinagre y mostaza Dijon.
- Para la base: claras picadas, cebolla morada en cubitos bien chiquitos y pepinillos también en daditos.
- Al final, fuera del fuego: cebollín fresco picado fino.
- A gusto, después del reposo: sal, pimienta negra recién molida y, si querés, un toque de pimentón.
La preparación empieza en la cocina propiamente dicha: poner los huevos en una olla con agua fría, llevar a hervor suave y dejarlos cocer exactamente diez minutos. Ese tiempo es el que asegura yemas que se pisan sin hacer polvo y claras que se cortan prolijas, sin ese anillo verdoso que asusta a cualquiera. Después, se enfrían bajo la canilla, se pelan y se separan claras de yemas. Las yemas van a un bowl aparte porque son las reinas de la salsa.
Para la salsa, se pisan las yemas con un tenedor hasta deshacerlas, se suman la mayonesa, un chorrito de vinagre y la mostaza, y se revuelve hasta conseguir algo cremoso, tipo aderezo firme. En otro bowl, se cortan la cebolla morada y los pepinillos bien chiquitos, se pican las claras y se mezclan. Ahí cae la salsa, el cebollín picado y la sal con pimienta. Se integra con cuchara de madera, sin apurar, para que la clara no se desarme.
El paso clave, el que nadie quiere saltearse: tapar y mandar a la heladera por quince minutos. Ese reposo no es un capricho ni un trámite: es lo que hace que la cremosa se asiente, los sabores se entiendan y los pepinillos suelten su punto justo de acidez. Pasado ese rato, se sirve bien fría. Funciona como relleno de sándwich de miga, como copete sobre una tostada con manteca, o como guarnición al lado de unas hojas verdes con aceitunas condimentadas. Si querés armar una picada con onda, la acompañás con pimientos asados y nadie se va a quejar.
Dónde probar algo parecido y volver con la receta
En el centro de Buenos Aires hay un par de casas de sándwiches de que vienen laburando con esta idea hace rato. Si andás por el barrio de Once, te podés acercar a un clásico de la zona y pedir un sándwich de huevo con pickles: vas a entender por qué esta ensalada sin papa tiene tantos fans al norte del Río Bravo. Yo lo probé un sábado a la tarde y, sin mentir, me hizo acordar a los picnics de la primaria. La próxima vez, la preparo en casa y la llevo al Parque Centenario en una vianda. La tengo atada.
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