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El tacto como regulador emocional: qué dice la neurociencia sobre su efecto frente al miedo y la ansiedad

La doctora Paula Salamone describió cómo el contacto físico interviene en las respuestas del organismo al estrés y por qué el cerebro diferencia entre tocarse a uno mismo y recibir el contacto de otra persona

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Daniela OviedoPoliciales y judiciales · · 2 min de lectura
El tacto como regulador emocional: qué dice la neurociencia sobre su efecto frente al miedo y la ansiedad

El contacto físico puede intervenir en la regulación de las emociones y en las respuestas fisiológicas asociadas al miedo y la ansiedad, según explicó Paula Salamone, doctora en Neurociencias Afectivas. La especialista sostuvo que gestos como tomar una mano, abrazar o acariciar forman parte de formas cotidianas de acompañamiento emocional, con efectos sobre el estado de quien los recibe.

Salamone señaló especialmente el caso de los chicos que toman la mano de un adulto como una situación estudiada por su vínculo con la reducción del temor. En el plano más amplio, la investigadora describió que el efecto del tacto involucra distintas partes del sistema nervioso y que su trabajo se centra en cómo se relacionan los estímulos sobre la piel con la actividad cerebral, la médula espinal y las respuestas del resto del organismo. En ese intercambio, dijo, recibir una caricia o un masaje puede modificar reacciones fisiológicas vinculadas con el estrés y la relajación.

Autocontacto y contacto con terceros

La investigadora diferenció entre los gestos que una persona dirige hacia sí misma para regular lo que siente —como tocarse el cabello o acariciarse la barba— y los estímulos que provienen de otra persona. Según Salamone, la respuesta no es igual cuando interviene alguien más, dado que el cerebro distingue entre las acciones propias y los estímulos que llegan desde afuera.

Para ilustrar esa diferencia, Salamone recurrió al ejemplo de las cosquillas. Cuando una persona intenta provocárselas a sí misma, anticipa el lugar, el momento y la forma del contacto, y esa previsión atenúa la sorpresa y la intensidad de la sensación. Cuando el movimiento lo hace otro, en cambio, queda un componente de incertidumbre. La especialista agregó que las cosquillas forman parte del juego y del intercambio social.

  • El tacto activa distintas partes del sistema nervioso, incluida la médula espinal.
  • Recibir una caricia o un masaje puede modificar respuestas fisiológicas asociadas al estrés.
  • El cerebro diferencia entre las acciones propias y los estímulos que llegan desde otra persona.
  • Las cosquillas permiten entender esa distinción entre autocontacto y contacto externo.
  • Las pautas culturales influyen en la distancia y en la frecuencia del contacto corporal.

Cultura, distancia corporal y líneas de investigación

Salamone también describió cómo la cultura incide en la cercanía física. Relató que durante su trabajo de investigación en Suecia conversar con un colega a tres metros de distancia resultaba habitual, y que las diferencias culturales en el espacio personal no implican emociones distintas sino otras maneras de expresarlas y de vincularse.

En la Argentina, la especialista integra el equipo Tango-i Lab, que estudia la relación entre el contacto físico y los síntomas de despersonalización. Además, el grupo investiga si la falta de interacción física durante el aislamiento por la pandemia dejó efectos posteriores, una línea de trabajo que la investigadora presentó como una pregunta abierta dentro de su área de estudio.

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Daniela OviedoPoliciales y judiciales

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