El descuento lo salvó: Argentina empató con Venezuela y va por Chile en las semifinales
Un gol de Ramiro Tulián a los 94 minutos le dio el 1 a 1 al equipo de Placente, que terminó segundo en el grupo B por diferencia de gol y enfrentará al conjunto trasandino el miércoles en el estadio Marcelo Bielsa de Rosario.

El que avisa no traiciona. Argentina se la pasó todo el partido masticando bronca, arrinconada por un rival que le manejó los tiempos y le ganó de arriba. Pero el fútbol, ya se sabe, tiene esa costumbre cruel de arruinarle el plan a quien lo hizo casi todo bien. A los 94 minutos, cuando el empate en Rosario empezaba a sellarse como una eliminación disfrazada de clasificación, apareció Ramiro Tulián, delantero de Belgrano, con un zurdazo cruzado que se metió junto al segundo palo y desató el alivio. Venezuela había hecho el gol a los 26 con Jesús González, que le ganó la espalda a la defensa y definió por encima de un arquero que había salido a cortar la jugada fuera del área. Esa conquista, durante un trámite que se estiró como chicle, parecía suficiente para liquidar a un seleccionado que terminó pidiendo la hora.
A los 94 minutos, el gol del desahogo
Hasta ese instante, lo de Argentina había sido un partido de mucho empuje y poco ingenio. Ian Subiabre fue el que más intentó, el que más corrió, el que más gambetas se mandó en el tramo final. Pero enfrente estaba Diego Ochoa, el arquero venezolano, que cada vez que el conjunto de Diego Placente parecía arrimarse con peligro le cerró el arco con firmeza. Venezuela, mientras tanto, pudo haber estirado la diferencia y hasta la historia: tuvo varias contras que no supo definir, y esa falta de puntería le terminó pesando como una losa. Por eso, cuando Tulián entró como suplente y armó la jugada con espacios contra una defensa replegada, la imagen fue casi una postal del destino: al que no convierte le terminan cobrando.
El 1 a 1 le alcanzó a Argentina para meterse en semifinales como escolta de Paraguay, que ganó el grupo B con siete puntos tras igualar 1 a 1 con Uruguay. El detalle clave fue la diferencia de gol: antes de este encuentro, ambos seleccionados sumaban tres unidades, pero Argentina tenía saldo cero y Venezuela, menos uno. Por eso, el empate clasificaba a Placente y dejaba afuera a los vinotinto, que precisaban ganar para seguir soñando. Así de fina es la línea que separa la gloria del fracaso en este tipo de torneos.
Miércoles a las 10, en el Marcelo Bielsa
El próximo compromiso del seleccionado argentino Sub 19 será el miércoles a las 10, en el estadio Marcelo Bielsa de Rosario, donde justamente se clasificó este domingo. Del otro lado estará Chile, ganador de la zona A. La otra semifinal, en el segundo turno, tendrá a Paraguay frente a Perú. Los vencedores irán por el oro y los perdedores se cruzarán por el bronce, en lo que promete ser una jornada a pura carga emocional en suelo rosarino.
Lo de Argentina dejó dos lecturas, como suele pasar cuando un equipo empata sobre la hora. La primera es la del carácter, la del no bajar los brazos cuando el resultado parecía escrito. La segunda es la del funcionamiento: hubo largos tramos del partido en los que el equipo no encontró la pelota ni el camino al área rival, y eso contra Chile puede ser un problema serio. Placente tiene dos días para ajustar la puntería y, sobre todo, la cabeza. Porque si algo quedó claro en este empate agónico es que la diferencia entre avanzar y quedar eliminado puede ser un solo remate bien colocado en el descuento.
- Argentina terminó segunda en el grupo B con 4 puntos y diferencia de gol 0.
- Paraguay lideró la zona con 7 unidades tras empatar 1-1 con Uruguay.
- Chile ganó la zona A y será el rival de Argentina en semifinales.
- El partido se jugará el miércoles a las 10 en el estadio Marcelo Bielsa de Rosario.
- La otra semifinal la jugarán Paraguay y Perú, en el segundo turno.
A Chile le digo, con todo respeto y sin ironía: hay que estar alertas. Porque este seleccionado argentino, aun cuando no la pasa bien, tiene esa costumbre molesta de encontrar el gol justo cuando el reloj se muere. Y cuando un equipo juega así, con esa mezcla de paciencia y suspenso, no hay marcador que se le dé por seguro. El miércoles, en Rosario, se verá quién aprovecha mejor las oportunidades que deje el otro. Por ahora, lo que queda claro es que la diferencia entre festejar y mirar desde la tribuna fue, literalmente, un instante.
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