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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El cuarto del adolescente ya no es un refugio: ahora es un set con luces y paredes neutras

La habitación dejó de ser ese territorio caótico de pósteres y ropa tirada para parecerse a un decorado listo para filmar. Especialistas consultados advierten que la audiencia digital se metió dentro del espacio más íntimo.

ML
Marcos LudueñaTurismo · · 3 min de lectura
El cuarto del adolescente ya no es un refugio: ahora es un set con luces y paredes neutras

Soy Marcos Ludueña, desde el sector Turismo, y esta semana vengo a romper con la rutina. La ocupación hotelera anda firme en casi todo el país y el pronóstico para el finde pinta bueno en la costa atlántica y las sierras centrales. Pero antes de recomendar escapadas, quiero detenerme en un fenómeno que me dejó pensando: cómo se transformó el cuarto de los pibes. Un tema que, aunque parezca lejano, toca a cualquier familia que tenga adolescentes en casa.

Hace veinte años, cruzar la puerta del cuarto de un adolescente era meterse en un territorio propio y algo desprolijo. Pósteres pegados con cinta, ropa sobre la silla, libros en el piso y, si había suerte, un diario íntimo escondido debajo del colchón. El desorden era parte del paisaje: una manera de decir que ese espacio pertenecía a alguien en pleno crecimiento.

Del caos al decorado

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Ese escenario ya no se ve tanto. Hoy, en los cuartos que circulan por redes sociales cuesta encontrar marcas personales o acumulación de objetos. En su lugar aparecen paredes de tonos neutros, camas prolijamente tendidas y tiras de luces que funcionan como reflectores improvisados. La personalidad no desapareció, pero se corrió del plano físico.

El sociólogo Erving Goffman habló hace décadas de una diferencia entre el "frente de escena", donde uno sostiene una imagen frente a los demás, y el espacio íntimo donde se descansa del personaje, se prueban identidades y se puede fallar sin público. La habitación del adolescente cumplía históricamente esa segunda función: la puerta cerrada era un pacto tácito para que nadie opinara.

“La escritora Sithara Ranasinghe lo describe como una habitación con paredes de cristal, donde el límite entre escenario e intimidad se disuelve bajo la mirada de una audiencia desconocida.”Sithara Ranasinghe

Lo más fuerte del tema es que la cámara no necesita estar encendida para que el efecto funcione. La sola idea de que cualquier rincón puede ser filmado y comentado modifica la conducta: se inhibe la espontaneidad, se desalienta el desorden y se empuja hacia la estandarización. Ya no es la mirada de los padres la que ordena el espacio, sino la de una audiencia invisible pero internalizada.

Lo que se pierde cuando el cuarto se vuelve set

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  • Margen para equivocarse sin público que mire y opine.
  • Acumulación de objetos que cuenten quién es ese pibe o esa pibe.
  • Espacio para ensayar identidades sin filtro de extraños.
  • Desorden como señal de un proceso de crecimiento en marcha.
  • Puerta cerrada como pacto tácito entre la familia y el adolescente.

La adolescencia siempre fue un umbral con dudas, un período de transición donde el error forma parte del aprendizaje. La pregunta que dejan estos cuartos despojados es hasta qué punto ese margen de imperfección sigue existiendo cuando lo íntimo se vuelve un set permanente.

Si el tema te interpela, te dejo una recomendación para el finde largo: en Villa Carlos Paz hay un bodegón de toda la vida, El Cuatrero, en pleno centro, donde las pastas caseras y un buen vino de Córdoba cortan cualquier debate sobre redes y terminan arreglando el mundo. Vale la pena la parada. ¿Notás este cambio en los cuartos de los adolescentes que conocés? Contanos en los comentarios.

ML
Marcos LudueñaTurismo

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