Di María rompió el cero y Rosario Central se quedó con todo en Santiago del Estero
El Canalla venció 3-1 a Estudiantes en una final caliente de la Supercopa Internacional, marcada por los reclamos al árbitro Darío Herrera, los gestos irónicos de los jugadores y una gresca que terminó en el túnel.

Lo dije en la previa y lo sostengo ahora: a esta clase de finales hay que entrarlas con los dientes apretados, porque o la rompés o te la terminan rompiendo. Rosario Central la rompió. Le ganó 3-1 a Estudiantes en el Madre de Ciudades, se llevó la Supercopa Internacional y, de paso, le dejó al conjunto platense una noche con más bronca que fútbol. La imagen del partido no fue el gol ni la camiseta: fue el penal que cambió el rumbo y el VAR como convidado de piedra en una noche ya de por sí caliente.
Minuto 60: el penal que encendió la mecha
Hasta esa jugada el partido era un toma y daca clásico de final. Central buscaba con la jerarquía de siempre y Estudiantes respondía con la intensidad que le pidió Almirón. El problema llegó cuando González Pirez le cometió una falta a Copetti en la puerta del área. Darío Herrera, que estaba a cinco metros, dejó seguir. El VAR lo llamó. Y ahí se rompió el partido: penal para Central, gol de Ángel Di María con un remate cruzado, y el estallido en el banco y la platea de Estudiantes. Desde ese momento, todo fue protesta.
Las otras dos jugadas que Estudiantes se va a acordar toda la semana
- Una infracción de Elías Verón contra Adolfo Gaich que, según el banco de Estudiantes, era merecedora de segunda amarilla. El propio Almirón, oliendo el riesgo, mandó a cambiarlo a los pocos minutos.
- Una mano de Ignacio Ovando dentro del área que ni Herrera ni el VAR sancionaron. Ovando, justamente el mismo que había calificado como falta de respeto el recibimiento de espaldas del cruce anterior, terminó siendo protagonista del doble reclamo.
- Los gestos del banco suplente y de la platea, con Juan Sebastián Verón encabezando los aplausos irónicos cada vez que el árbitro tomaba una decisión que no les cerraba.
“Si me equivoco, que me expliquen por qué. Porque las tres jugadas fueron para el mismo lado.”cuerpo técnico de Estudiantes, según fuentes presentes en el vestuario
Final en el túnel y una premiación con clima espeso
El pitazo final no apaciguó nada. Todo lo contrario. La gresca empezó adentro, siguió en el túnel camino a los vestuarios y terminó con empujones, insultos y mucha filmación de celulares de por medio. Hubo un rato de duda sobre si Estudiantes iba a salir a buscar las medallas, porque la calentura era demasiado grande. Sin embargo, Verón dio la orden de ir igual. Y lo que se vio fue insólito: cuando Claudio Tapia le entregó el reconocimiento a Herrera y a sus asistentes, los jugadores del Pincha aplaudieron con una ironía que se sintió desde la tribuna. Después, ya más frío, Verón bajó un cambio y felicitó a Central por el título. Buen gesto. Un poco tarde, pero buen gesto.
A esta altura la pregunta cae sola: ¿qué balance hago de la final? Te lo digo sin guardarme nada. Central fue más, ganó con autoridad y se quedó con un trofeo que le da aire en un año que venía pidiendo respuestas. El Canalla, con Di María como bandera, volvió a sonreír en una definición y eso, para los de Arroyito, vale más que cualquier queja ajena. En tanto, Estudiantes se vuelve a La Plata con la espina del arbitraje y con la sensación de que el partido se les escapó en una decisión. Mucho ruido, poca autocrítica. Lo de los aplausos irónicos en la premiación ya fue una declaración de principios. Veremos si la próxima fecha les alcanza para bajarse del caballo. Porque Central, en lo que a mí respecta, ya pasó la página y está pensando en otra cosa.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



