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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Cuando Lucas le metió mano al final de El Imperio Contraataca con la película ya en la calle

Tres tomas nuevas, tres semanas de reloj y un secreto que los fans nunca supieron: la historia del retoque exprés que cambió el cierre de la mejor de las Star Wars sin que nadie se enterara.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 3 min de lectura
Cuando Lucas le metió mano al final de El Imperio Contraataca con la película ya en la calle

Hay decisiones que nacen con la película bajo el brazo y el pocillo de café en la otra mano. George Lucas vio El Imperio Contraataca en una sala de 70 mm, se acomodó en la butaca, miró el final y dijo, más o menos: esto no va. La cinta ya llevaba varios días en cartelera. Le quedaban tres semanas para el estreno amplio. Y se mandó a cambiar el cierre igual.

Un problema de geografía espacial

Lo que molestaba a Lucas no era un detalle cualquiera: el corte entre la cabina del Halcón Milenario y la sala médica donde Luke y Leia se recuperaban no terminaba de aclarar si esas dos locaciones estaban dentro de la misma nave o si eran dos embarcaciones distintas. Para el público medio fue un detalle invisible. Para el director, una mancha que no podía quedar flotando en la mejor entrega de la saga.

Ahí nomás, Lucas llamó a Tom Smith, que por entonces manejaba Industrial Light & Magic. Smith pensó que era joda. Le tuvieron que explicar que la película todavía no había llegado a la mayoría de las salas y que había tiempo para meter mano. El mismo gesto de incredulidad tuvo Ken Ralston, camarógrafo de efectos especiales al que convocaron cuando todavía estaba descansando en Los Ángeles tras meses de turnos nocturnos. Los dos entendieron rápido: a arremangarse.

Tres planos y una mudanza exprés

La solución fue quirúrgica. Tres tomas nuevas: la primera ampliaba la vista de la flota rebelde; la segunda acercaba la cámara al Halcón antes de entrar en su cabina; la tercera conectaba visualmente esa nave con la fragata médica donde estaban el resto de los personajes. Ralston se juntó con Lucas y con el artista Joe Johnston para diseñarlas y se fueron a filmar a San Rafael, cerca de San Francisco. ILM combinó material de archivo con modelos nuevos.

Pero no era solo mover figuritas. El equipo de edición tuvo que estirar la música para que acompañara la secuencia nueva y ajustar parte del diálogo para que sonara como comunicación interna de la nave y no como charla entre personajes. Tres semanas, reloj en mano.

  • George Lucas detectó el problema en una proyección de 70 mm, con la película ya en cartelera.
  • El estreno amplio en 35 mm estaba previsto para el 18 de junio de 1980.
  • Industrial Light & Magic necesitó tres semanas para completar tres tomas nuevas.
  • La versión estrenada el 18 de junio ya incluía los cambios sin aviso al público.
  • Quienes vieron la copia anterior y quienes vieron la posterior miraron finales distintos.
  • El episodio quedó documentado por J.W. Rinzler en el libro The Making of The Empire Strikes Back.

Dos finales, una sola historia

El 18 de junio llegó con la versión retocada en las salas. No hubo comunicado, no hubo asterisco, no hubo advertencia a los que ya la habían visto. Si lo cruzás con quien fue a una función de las primeras semanas, técnicamente vieron dos películas distintas. Y nadie se enteró.

Me quedo pensando en lo insólito del operativo: cambiar el final de una blockbuster con la cinta ya en la calle, sin que el público lo registre, en tres semanas, con un equipo que venía de noches sin dormir. Vale la entrada solo por el delirio logístico. Y si hay alguien a quien salvar del olvido en esta historia es Ken Ralston, que dejó el descanso, agarró la cámara y se fue a San Rafael a inventarse tres planos de la nada. Un crack, sin discutir.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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