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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Cuando los sentimientos salen a cantar: el capricho musical de Zoey Clarke que dura apenas dos temporadas

Una serie agridulce que convierte los dramas de oficina y de familia en números coreografiados al ritmo de Queen, Bowie y Taylor Swift. Vale la entrada, pero tenga el pañuelo a mano.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 2 min de lectura
Cuando los sentimientos salen a cantar: el capricho musical de Zoey Clarke que dura apenas dos temporadas

Vamos en tren directo, sin escala: La extraordinaria playlist de Zoey es de esas series que aparecen en catálogo, prometen novedades y terminan siendo un capricho simpático disfrazado de comedia romántica. Porque acá no hayaliens ni dragones ni villanos con capa: el conflicto es que la protagonista escucha lo que sienten los demás en formato de musical, y eso, claro, complica todo.

Zoey Clarke arranca como una chica más del montón: trabaja en una oficina, tiene hermanos, tiene mejores amigos, tiene crushes. Hasta que un día cualquiera, un evento extraño le destapa un don no pedido: percibe las emociones más profundas de la gente a su alrededor, y esas emociones llegan cantadas. Literal. Como si el vecino de cubo se pusiera a interpretar un tema de Queen en ojotas en plena reunión de presupuesto.

Un repertorio que va de los Beatles a Taylor Swift

  • The Beatles, Queen y David Bowie se cuelan en las escenas más íntimas.
  • Cyndi Lauper y Billy Joel se reservan para los momentos de humor y de nostalgia.
  • Taylor Swift aparece cuando el corazón se desborda y no encuentra mejor idioma que el pop.

La gracia de la propuesta es que las canciones no son adorno: están interpretadas dentro del relato, funcionan como confesiones involuntarias. El jefe que nunca dice nada, la mejor amiga que esconde un secreto, el hermano que teme perder a alguien: todos terminan cantándole en la cara a Zoey aquello que jamás se animarían a confesar. Y acá aparece el primer problemita: saber qué siente el otro no es lo mismo que saber qué hacer con esa información. Menudo quilombo.

La serie estira esa tensión durante dos temporadas. La familia gana peso con el correr de los capítulos: aparece el miedo a la pérdida, los intentos torpes de cuidar al que la está pasando mal, las palabras que llegan tarde. La protagonista tiene la herramienta más incómoda del mundo: un detector de emociones ajenas que no trae manual de instrucciones.

Mi veredicto: vale la entrada. No es un golazo, pero tiene ese encanto agridulce de las series que se toman en serio los sentimientos sin dejar de hacer humor. Y un aplauso aparte para el o la actriz que interpreta a la madre de Zoey: cada escena que tiene es un regalo, de esas actuaciones silenciosas que te dejan apretando el almohadón sin que nadie te vea.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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