Carne cruda, tuétano caliente y brasas a la vista: la apuesta de Barra Baja en pleno centro de Sevilla
El cocinero Rafa Liñán propone en la calle Javier Lasso de la Vega una carta dividida por productos, con carnes al carbón, verduras de estación y un steak tartar que se sirve sobre hueso.

En la calle Javier Lasso de la Vega, a pocas cuadras del río y del casco histórico de Sevilla, funciona Barra Baja, un restaurante que desde su apertura quedó asociado a una cocina de fuego, materia prima andaluza y observación directa del trabajo en la cocina abierta. Quien se acerca puede elegir entre una mesa y una barra orientada hacia los cocineros, con el horno de carbón a la vista.
Una carta organizada por producto
Al frente está Rafa Liñán, cuya propuesta se divide por tipos de productos: ostras, verduras, pescados, carnes y dulces. Algunas preparaciones rotan según disponibilidad estacional; otras, en cambio, se mantienen desde los primeros meses del local. La lógica es simple: el comensal se orienta por secciones y combina según su propio criterio.
Steak tartar con tuétano atemperado
Entre los platos fijos aparece uno de los más llamativos: un steak tartar de carne de vaca retinta del Bajo Guadalquivir, picada a cuchillo y condimentada, que se sirve dentro de un hueso abierto con tuétano previamente calentado en el horno. La carne llega cruda; el tuétano, atemperado y fundente, aporta grasa al conjunto. La recomendación de la casa es introducir el tenedor hasta la base y comer ambos componentes en el mismo bocado, de modo que el calor de un elemento modifique la combinación sin cocinar al otro.
- Steak tartar sobre tuétano caliente en hueso abierto, con carne de vaca retinta del Bajo Guadalquivir.
- Ostras a las brasas con mantequilla de Jerez.
- Almejas salvajes con mantequilla de ajo y amontillado.
- Vieira curada con gazpachuelo cítrico.
- Berenjena frita con miso blanco y castañas de cajú.
- Limón helado con pistacho caramelizado y ganache de chocolate blanco, para el final de la comida.
El fuego no se limita a la carne. También interviene en los mariscos: hay ostras pasadas por las brasas con mantequilla de Jerez y almejas salvajes con mantequilla de ajo y amontillado, además de una vieira curada que se presenta con un gazpachuelo cítrico. Entre las verduras, la carta incluye berenjena frita acompañada de miso blanco y castañas de cajú. La selección de bebidas pone el foco en vinos andaluces y pequeños proyectos, aunque incorpora etiquetas de otras regiones. Para el cierre, se ofrece un limón helado con pistacho caramelizado y ganache de chocolate blanco.
La elección del asiento termina de definir la experiencia: comer en la barra suma la observación del trabajo de cocina y la terminación de los platos, mientras que las mesas ofrecen una dinámica más tradicional. ¿Te interesa más la conversación o ver de cerca cómo se arma el tartar sobre el hueso?
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