Beneficios laborales personalizados: la caja navideña pierde terreno frente a los presupuestos flexibles
Según un informe de la plataforma Bonda, casi nueve de cada diez empresas reconocen que las propuestas a la medida ayudan a fidelizar al personal, pero solo un tercio logró esquemas verdaderamente flexibles. La coexistencia de varias generaciones y la digitalización aceleraron el reemplazo del paquete uniforme de fin de año.

Durante décadas, la política de beneficios en buena parte de las empresas argentinas se redujo a una combinación estable: obra social más una caja navideña distribuida por igual entre todos los colaboradores, sin distinción de edad, cargo ni intereses personales. Ese modelo uniforme, señalan los especialistas, atraviesa un proceso de retroceso sostenido y comienza a convivir con esquemas más segmentados, en los que cada trabajador decide cómo utilizar un presupuesto asignado.
El dato de partida surge del Informe de Beneficios Corporativos elaborado por Bonda, plataforma digital especializada en programas de este tipo: cerca de nueve de cada diez empresas consideran que las propuestas personalizadas contribuyen a fidelizar a sus colaboradores. Sin embargo, apenas un tercio consiguió implementar esquemas verdaderamente flexibles, lo que revela una brecha entre la intención declarada y la ejecución concreta dentro de las organizaciones.
Vamos a los números
La fotografía que describe el informe muestra una tendencia en construcción. Si bien un 89 por ciento de las compañías reconoce el aporte de los beneficios personalizados a la retención del talento, solo un 33 por ciento avanzó hacia esquemas con decisión individual del empleado. Casi la mitad de las empresas, en tanto, ya utiliza herramientas tecnológicas para gestionar y comunicar sus programas, un indicador del rol que la digitalización desempeña en la transición.
En términos de adopción efectiva, el desplazamiento del modelo clásico resulta más lento de lo que sugiere el consenso declarativo. La coexistencia de varias generaciones dentro de una misma organización aparece como uno de los motores del cambio: en una sola empresa pueden convivir jóvenes en su primer empleo, padres con hijos pequeños y trabajadores próximos a jubilarse, con necesidades difícilmente homologables bajo un beneficio único.
- Actividades deportivas y membresías en gimnasios.
- Entradas de cine, espectáculos y opciones de gastronomía.
- Programas de bienestar y experiencias de salud.
- Gift cards y descuentos en supermercados o comercios de uso cotidiano.
El modelo flexible opera con un presupuesto asignado que cada empleado decide cómo aplicar dentro de un menú de opciones. La lógica, coinciden los consultados, es que el beneficiario seleccione aquello que le reporta mayor valor subjetivo, en lugar de recibir un bien estandarizado.
“Lo más importante es entender quién es nuestra audiencia. En una misma compañía puede haber distintos perfiles y generaciones de personas que tienen necesidades distintas.”Agustín Perelman, cofundador de Bonda
La tecnología operó como facilitador del proceso. Las plataformas especializadas reemplazaron la logística de los regalos físicos y permitieron administrar descuentos, puntos canjeables y experiencias de forma segmentada, con trazabilidad y reporte. A la vez, el calendario de reconocimientos se expandió más allá de las fiestas de fin de año: cumpleaños, aniversarios laborales, nacimientos y casamientos se sumaron como instancias de política de beneficios. El comportamiento general, según describen los especialistas, apunta a construir una relación durante todo el año, en un contexto donde los beneficios con impacto directo en el bolsillo del colaborador continúan siendo los más valorados por encima de las propuestas puramente recreativas.
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