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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Antiinflamatorios en la mesa: qué alimentos pueden marcar la diferencia según la evidencia médica

Harvard, la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en un patrón alimentario capaz de moderar la inflamación crónica. El impacto directo sobre el cansancio todavía se estudia, pero la dieta completa muestra resultados más sólidos que cualquier nutriente aislado.

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Lautaro PizarroÚltimo momento · · 2 min de lectura
Antiinflamatorios en la mesa: qué alimentos pueden marcar la diferencia según la evidencia médica

La inflamación crónica dejó de ser un tema exclusivo de los consultorios reumatológicos y pasó al centro del debate nutricional. El proceso, por el cual el sistema inmunitario se mantiene activado durante meses o años, aparece asociado en la literatura médica con diabetes, artritis y enfermedades cardiovasculares, según confirmaron a este medio fuentes especializadas.

El patrón que reúne más consensos

Las revisiones de Harvard, la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en señalar a la dieta de estilo mediterráneo como el enfoque mejor respaldado. No se trata de un alimento estrella sino de una combinación estable: verduras de hoja verde, frutas de colores intensos, legumbres, nueces, semillas, aceite de oliva, pescados grasos y granos enteros.

Estos productos aportan antioxidantes, polifenoles y fibra dietaria. Los polifenoles son compuestos vegetales presentes en frutas, té, cacao y aceite de oliva extra virgen, mientras que la fibra nutre las bacterias intestinales beneficiosas. Las grasas no saturadas de los frutos secos, las semillas y el pescado completan la estructura.

Qué dice la evidencia sobre el cansancio

Un trabajo publicado en la revista Nutrients revisó 21 ensayos clínicos y halló que una dieta con granos enteros ricos en fibra, vegetales con alto contenido de polifenoles y alimentos con omega 3 podría mejorar los síntomas de fatiga asociados con enfermedad. El mismo estudio aclaró que la evidencia sobre el cansancio todavía es preliminar y desigual, y que los resultados se vuelven más consistentes cuando se evalúa la dieta completa y no un nutriente aislado en dosis altas.

  • Verduras de hoja verde y frutas de colores intensos: aportan antioxidantes y polifenoles.
  • Legumbres, nueces y semillas: fuente de fibra y grasas no saturadas.
  • Pescados grasos: aportan omega 3 de cadena larga.
  • Aceite de oliva extra virgen: principal fuente de grasa del patrón.
  • Granos enteros: proveen fibra y micronutrientes.

Qué conviene reducir

En el otro extremo aparecen los carbohidratos refinados, las bebidas azucaradas, las carnes rojas y procesadas, los fritos y los ultraprocesados, asociados con mayor carga inflamatoria según las mismas fuentes. Disminuir el consumo de azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas responde a la misma lógica.

La Cleveland Clinic advirtió que los cambios bruscos rara vez se sostienen y sugirió un plazo de entre tres y seis meses para incorporar nuevos hábitos de forma gradual. El primer paso, según el centro estadounidense, es identificar los ultraprocesados y los azúcares añadidos presentes en la alimentación habitual y reemplazarlos de manera progresiva por alimentos del patrón recomendado.

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