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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Amazon ya supera el millón de robots en sus depósitos y aun así registra más accidentes que antes

La compañía más robotizada del planeta convive con una planta de más de 1,5 millones de personas. Un informe del Senado estadounidense y los propios registros internos de la empresa reavivan el debate sobre si la automatización realmente cuida a los trabajadores.

PT
Paula TisseraFolklore y tradiciones · · 4 min de lectura
Amazon ya supera el millón de robots en sus depósitos y aun así registra más accidentes que antes

Me lo crucé la otra tarde en una peña del conurbano, a un muchacho que trabaja en el depósito de Amazon en Tortuguitas y que aprovecha cualquier fecha patria para pedir un franco extra. Mientras le pasábamos el mate me quedó dando vueltas una cifra que después confirmé en el último reporte anual de la compañía: ninguna empresa en el mundo opera tantos robots como Amazon, que acaba de superar el millón de unidades en sus centros de distribución y, al mismo tiempo, sostiene una plantilla de más de 1,5 millones de empleados entre tiempo completo y parcial. Para dimensionar lo que eso significa en la Argentina, alcanza con pensar que la población entera de la ciudad de Rosario trabaja, en un turno imaginario, dentro del mismo sistema logístico.

La historia del festival, porque alguna vez hubo que explicarla, arrancó en 2012, cuando Amazon le compró a una pequeña firma llamada Kiva Systems, que fabricaba robots con ruedas capaces de acercar estanterías enteras a los brazos de un trabajador en lugar de obligarlo a caminar kilómetros entre pasillos. De aquella semilla nació Amazon Robotics y una familia de máquinas que, con el correr de los años, fueron creciendo en tamaño y en nombre: Hércules y Titán mueven estructuras del tamaño de un piano de cola, y Proteo fue el primero en circular libremente entre la gente gracias a una serie de sensores que después se fueron refinando para que nadie terminara estampado contra una columna metálica.

Un cerebro para un millón de robots

Coordinar a un millón de máquinas que se cruzan en galpones enormes no es tarea sencilla, y por eso la empresa desarrolló DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que se ocupa del tráfico interno y que, según las propias mediciones de la compañía, achicó en un 10% el tiempo de traslado de la flota. Para ampliar todo este parque, Amazon ya construye nuevas fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana, y su directora financiera adjunta salió a anticipar que la cantidad de brazos robóticos se va a más que duplicar a lo largo de este año, una proyección que obliga a mirar con atención cómo se vuelve a acomodar la mezcla entre personas, máquinas y turnos.

Los últimos modelos: cuando el robot aprende a tener tacto

  • Robin utiliza ocho ventosas para separar paquetes que llegan revueltos desde las cintas transportadoras.
  • Cardinal acomoda bultos de hasta 22 kilos dentro de carritos sin que un operario tenga que levantar ese peso.
  • Sparrow reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones en forma automática.
  • Vulcan, el más nuevo, es el primer brazo de la empresa con sensores de fuerza que le dan una suerte de tacto y ya funciona desde 2025 en plantas de Spokane, Washington, y Hamburgo, Alemania.

Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, suele repetir que la idea de fondo es que las máquinas se queden con las tareas de mayor riesgo físico, las que arruinan lomos y rodillas. Pero los datos disponibles complican ese argumento de manera bastante directa. Una investigación de dieciocho meses que llevó adelante la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos y que se cerró en diciembre de 2024 determinó que los depósitos de Amazon registran alrededor de un 30% más accidentes que el promedio de la industria del almacenaje, y los propios registros internos filtrados en distintos expedientes señalan que las plantas con robots tienen una tasa de lesiones un 28% más alta que las que todavía no los incorporaron, un número que a esta altura ya no se puede barrer debajo de la alfombra.

Yo no estoy del lado de los que piden frenar todo avance tecnológico, ni del lado de los que presentan a cada robot nuevo como la solución mágica. Lo que vengo siguiendo, nota tras nota, es que la automatización, por sí sola, no garantiza mejores condiciones de trabajo: cambia la tarea, cambia el ritmo, y a veces cambia para peor si no hay una política seria del otro lado, con más pausas reales, más rotación y más prevención. La discusión vuelve a quedar abierta, y lo más sano es que se debata con los números sobre la mesa y con la gente adentro de los depósitos, que es, en definitiva, la que termina pagando cada récord de productividad.

“Cuando paró la olla, ya clareando, el muchacho del depósito me dijo mirándome a los ojos: mientras haya un robot nuevo, nosotros vamos a correr más rápido al lado.”Dato escuchado en una peña, antes del amanecer
PT
Paula TisseraFolklore y tradiciones

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