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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Abadi se sube al escenario con la madre muerta bajo el brazo y la convierte en literatura

El dramaturgo reconstruye el cáncer de páncreas que se llevó a su vieja en un unipersonal austero, con VHS familiares y humor a contramano del duelo. Va los domingos a El Camarín de las Musas.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 3 min de lectura
Abadi se sube al escenario con la madre muerta bajo el brazo y la convierte en literatura

Aclaro de entrada: el título no es una broma. Patricio Abadi literalmente sube al escenario con la muerte de su madre debajo del brazo y, en vez de quedarse llorando en un rincón, la convierte en una hora de teatro que duele y hace reír a la vez. Ya el arranque avisa por dónde va la cosa: no hay maquillaje que suavice el golpe ni música épica que tape el agujero.

Vale la entrada. Y de yapa, sale uno con la sensación de que el duelo se puede contar sin hacer un culebrón venezolano.

La madre, las VHS y un escritorio como único decorado

La puesta es austera a propósito. Un escritorio chico, una silla, algunos objetos y una pantalla donde pasan los VHS que el propio Abadi y su hermano filmaron en los últimos tramos de la enfermedad de la madre, profesora de letras que murió de cáncer de páncreas. No hay iluminación de superproducción ni videoarte con filtros de Instagram. Esa decisión, lejos de restarle, le suma: la imagen casera, temblorosa, con esa textura de cinta gastada, termina siendo la columna vertebral del relato. Es la presencia real de alguien que ya no está.

Abadi no interpreta un personaje. Está él. Pone el cuerpo, la voz y la historia familiar sobre la mesa y deja que el espectador se sume al viaje. Esa primera persona sostenida es lo que hace que la función no se parezca a una charla TED ni a una catarsis de grupo de autoayuda. Es teatro, con estructura y con oficio, aunque el material autobiográfico sea crudo como pan recién cortado.

Humor en medio del hospital

El hallazgo más arriesgado de la obra es la alternancia entre el dolor y el humor. En un tramo, Abadi cuenta la primera presentación de su pieza Ya no pienso en el matambre ni le temo al vacío en un festival teatral y recuerda la reacción de su vieja en esa oportunidad. El efecto es curioso: uno ríe y al segundo siguiente se le afloja algo en el pecho. No hay trampa, no hay manipulación emocional. Es la vida misma, que siempre mezcla las dos cosas en la misma frase.

“El cáncer de páncreas está asociado a la falta de dulzura. Y yo pienso en mamá. En todas las caricias que le fueron sustraídas a mi mamá desde la infancia. No nacer del deseo sino de la atrocidad.”Susan Sontag, citada por Patricio Abadi en la obra

La cita de Sontag funciona como un relámpago en medio de la función: ilumina toda la historia de la madre y le da una dimensión que excede lo doméstico. Ahí se entiende por qué Abadi eligió contar esto en un escenario y no en una cena familiar.

Quiero cerrar con un elogio merecido para alguien que casi nunca figura en las gacetillas: el equipo técnico de El Camarín de las Musas. La sala chica porteña, con sus luces justas y su acústica a medida, acompaña la propuesta sin pisarla. En un unipersonal donde lo único que sostiene el aire es la palabra del actor, eso vale oro. Y a Abadi, claro, que tuvo los huevos para subir esa historia a un escenario en lugar de guardársela para el living de casa.

¿Fuiste a ver alguna obra de teatro en los últimos meses? Contanos qué te dejó.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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