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Domingo, 25 de octubre de 2026
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Punto Serrano

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Wildwood: Laika le mete cinco años y 231 muñecos a una película que se nota en cada fotograma

El estudio de Coraline vuelve a la carga con una producción de stop-motion de 132 minutos que reta a los algoritmos de Hollywood. Acá te cuento por qué este delirio artesanal vale la entrada completa.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 3 min de lectura
Wildwood: Laika le mete cinco años y 231 muñecos a una película que se nota en cada fotograma

Hay una industria entera convencida de que el futuro del cine es renderizarlo todo en una computadora, y después aparece Laika con cinco años de trabajo, 231 muñecos movidos a mano y 136 escenarios construidos uno por uno, como para recordarnos que la paciencia todavía es una forma de provocación. Wildwood, la sexta película del estudio que nos regaló Coraline y Kubo y las dos cuerdas mágicas, es exactamente eso: una patada artesanal en medio de tanto píxel Perfecto.

Una escala que asusta

Hablemos de números, que a veces dicen más que cualquier frase marketinera. Estamos ante 132 minutos de metraje animado a la antigua: fotograma por fotograma, dedo por dedo, mueca por mueca. Ciento treinta y seis escenarios, todos fabricados a mano. Doscientos treinta y un muñecos articulados, a los que un equipo de decenas de personas les cambió la vida durante medio quinquenio. La cuenta da vértigo, pero lo más loco es que se nota en pantalla. La película respira textura, peso, imperfección calculada. Cada plano parece Habitar el espacio, no flotar sobre él.

  • 132 minutos de animación fotograma a fotograma.
  • 231 muñecos articulados animados a mano.
  • 136 escenarios construidos físicamente.
  • Aproximadamente 5 años de producción.
  • Tercer acto con cientos de figuras en movimiento sincronizado.

El tercer acto como campo de batalla

Si alguna vez te preguntaste cómo se anima una secuencia de combate con cientos de personajes en stop-motion, la respuesta es: con una mezcla de obsesión, fobias al error y café en cantidades industriales. En el tradicional cada fotograma exige reposicionar manualmente cada figura, así que imaginar lo que significa coordinar cientos al mismo tiempo es un ejercicio de humildad para cualquiera que haya peleado con un Excel. El resultado, dicen quienes la vieron, es el punto de mayor exigencia técnica del proyecto y, también, el más impactante en la pantalla.

Tono: épico, oscuro, con violencia, relaciones complejas y cero moraleja de dibujito animado. Prue y Curtis, los protagonistas, atraviesan un mundo de proporciones considerables que se aleja deliberadamente de la fábula infantil. La película les habla a los pibes de 13 años para arriba y a los adultos que aún se bancan que una historia no termine con un lazo perfecto.

¿Las virtudes? La construcción de mundo es ágil, la inmersión está lograda y la factura técnica es de esas que justifican la butaca. ¿Lo que flaquea? El desarrollo de los personajes principales muestra las limitaciones del material original en el que se basa el guion. No es un defecto menor, pero tampoco empaña el despliegue visual. Para mí, vale la entrada completa: es un festín para los ojos y un recordatorio de que el cine de animación artesanal no compite con Hollywood en igualdad de condiciones, simplemente juega en otra liga.

Un dato de color que me parece indispensable: Laika opera con independencia creativa sostenida por el respaldo financiero de Nike, lo que les permite encarar proyectos así de descomunales sin que nadie les marque la agenda. En un estudio promedio de los que conocemos, una producción de esta escala ya habría sido reemplazada por un software y un par de becarios. Acá hay decenas de artesanos defendiendo su oficio con uñas y dientes, y eso se ve. Y antes de que me olvide: si van, presten atención al trabajo del equipo de escenografía. Nadie los nombra en las notas de prensa, pero son los verdaderos autores de que Wildwood se sienta como un mundo y no como un decorado.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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