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Un museo de adobe y silencio en la Quebrada de Huichaira que se construyó a fuerza de cartas y visitas espontáneas

A 2.700 metros de altura, sobre la ruta 9 frente a Tilcara, el Museo Entre los Cerros funciona sin señalización ni cartelería desde 2012. Lo sostiene Lucio Boschi con donaciones de fotógrafos argentinos y latinoamericanos y un programa gratuito de formación para jóvenes de las provincias.

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Facundo ReynaAmbiente y sierras · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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La construcción de adobe se mimetiza con el cerro hasta confundirse con el paisaje de la Quebrada de Huichaira, en la Puna jujeña, a 2.700 metros sobre el nivel del mar. Sobre la ruta 9, frente a Tilcara, no hay un solo cartel que anuncie el Museo Entre los Cerros (MEC). Quien transita el camino pasa de largo y no advierte que allí, detrás de una pared de barro, funciona desde 2012 un espacio dedicado por entero a la fotografía argentina y latinoamericana.

Un fundador que llegó caminando la quebrada

Lo armó solo Lucio Boschi, un fotógrafo de 60 años nacido en la provincia de Buenos Aires que recaló en el norte después de años de itinerarios. Cuenta que llegó siguiendo el curso del río Huichaira, se topó con una formación natural que lo decidió a comprar un terreno y levantó primero una casa de barro. El museo vino después, con la misma lógica: paredes de adobe, luz natural entrando por vanos que no necesitan explicación técnica y un entorno que se cuela dentro de las salas.

Una colección armada a base de cartas

La colección permanente reúne obras donadas por fotógrafos argentinos y latinoamericanos. Entre los nombres que figuran en el acervo están Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd. La estrategia de Boschi fue deliberadamente artesanal: cartas enviadas a colegas y los contactos que había tejido durante años de trabajo internacional con galerías y coleccionistas. Todos, según relata, respondieron que sí.

Sin publicidad, pero con público

Boschi tomó una decisión que desobedece cualquier manual de gestión cultural: eligió no promocionar el museo, convencido de que el público tenía que descubrirlo por sí mismo. Durante los primeros tiempos no llegaba nadie. El quiebre llegó con los chicos de la escuela vecina, que empezaron a subir como parte de una recorrida que se fue replicando. Después vinieron guías locales, grupos de fotógrafos y, con los años, curadores y directores de museos internacionales de primer nivel que se sumaron a la lista de visitantes.

Qué ofrece hoy el MEC

  • Biblioteca especializada en fotografía.
  • Talleres y residencias artísticas.
  • Programa gratuito de formación para jóvenes fotógrafos de las provincias.
  • Espacio de encuentro para la comunidad local de la Quebrada.

Para llegar, la referencia más práctica es tomar la ruta 9 desde Tilcara. Quien confié en el GPS debe asumir que los tramos finales de los caminos del cerro pueden no estar actualizados. Conviene ir con tiempo: las salas tienen luz natural, bancos para detenerse y un ritmo que invita a caminar despacio, algo cada vez más raro en la oferta cultural argentina.

El MEC no tiene personería jurídica promocionada, no exhibe cartelería oficial en la ruta 9 y opera con el régimen de las salas de arte independientes que la Ley Nacional de Apoyo al Arte y la Cultura contempla en su artículo 1 y desarrolla en los artículos 8 y 9 sobre el fomento a los espacios no convencionales. La pregunta que queda flotando en el aire seco de los 2.700 metros es quién autorizó semejante empresa cultural sin un peso de publicidad oficial y en qué momento decidió el Estado que este tipo de iniciativas podían sostenerse solas, sin un cartel siquiera que las delate.

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Facundo ReynaAmbiente y sierras

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