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Treinta minutos en la bici antes de acostarse y la memoria responde al otro día, aunque duermas poco

Un estudio de la Universidad Concordia, publicado en la revista SLEEP, mostró que una sesión corta de ejercicio moderado puede amortiguar el golpe de una noche corta sobre la memoria declarativa. La clave estaría en el sueño profundo de la primera mitad de la noche.

ML
Marcos LudueñaTurismo · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá me hago cargo de lo que me toca como cronista: traducir un paper canadiense a algo que sirva para la mesa familiar del domingo. La postal de esta semana es conocida para cualquiera que trabaje en hotelería de paso: habitaciones que se entregan a las dos de la tarde, gente con valija que pide un café a las seis y un check-out eterno. El pronóstico del fin de semana, según el servicio meteorológico, anuncia chaparrones en la costa y frío en Cuyo, así que la recomendación clásica es quedarse adentro. Si va a quedarse despierto hasta tarde, lo que viene ahora le interesa.

El dato de base es viejo y sabido: dormir poco pasa factura en la concentración, en los reflejos y en la memoria. Lo nuevo lo aporta un equipo de la Universidad Concordia, en Montreal, y aparece en la revista SLEEP: media hora de ejercicio moderado antes de acostarse puede suavizar parte de ese castigo, al menos en la capacidad de recordar caras y nombres al día siguiente.

Cómo se midió

Los investigadores convocaron a adultos jóvenes, de entre 18 y 35 años, sin trastornos del sueño. Los separaron en cuatro grupos bien definidos:

  • Un grupo durmió 8,5 horas y no hizo ejercicio.
  • Un segundo grupo durmió 4,5 horas, también sin actividad física.
  • Un tercero combinó una noche normal con ejercicio.
  • Un cuarto hizo ejercicio antes de acostarse y solo durmió 4,5 horas.

Antes de irse a la cama, todos memorizaron 80 pares de rostro y nombre. Quienes estaban en los grupos activos completaron 30 minutos de ciclismo a intensidad moderada, calibrada según la capacidad cardiorrespiratoria de cada voluntario. No fue una sesión extenuante: fue un pedaleo sostenido, de esos que se hacen en el gimnasio del hotel a última hora.

Qué pasó al otro día

Por la mañana, los participantes enfrentaron una prueba con 120 pares, mezclando los aprendidos con estímulos nuevos. El resultado más claro fue el siguiente: el grupo con sueño corto y sin ejercicio fue el que peor rindió. El grupo que había pedaleado antes de la noche corta igualó, a efectos prácticos, a quienes habían dormido las ocho horas y media completas. La diferencia entre ambos grupos con privación de sueño fue estadísticamente significativa, según los autores.

Hay un detalle que me parece el más interesante y vale la pena marcar: la ventaja no apareció en la prueba inmediata, hecha poco después de aprender los pares. Solo se vio a la mañana siguiente. Para los investigadores, eso indica que el ejercicio no ayuda a registrar mejor la información en el momento, sino a consolidarla mientras se duerme.

El sueño profundo, en el centro de la escena

El sueño profundo, en el centro de la escena

Durante toda la noche, el equipo tomó registros con polisomnografía, un estudio que mide la actividad cerebral, los movimientos oculares, la respiración y el tono muscular mientras se duerme. El análisis mostró que una mayor proporción de sueño de ondas lentas, la fase profunda del sueño no REM que predomina en la primera mitad de la noche, medió el beneficio observado entre el ejercicio y el rendimiento de memoria al otro día.

Comparado con la misma fecha del año pasado, lo que tenemos es un cambio de ángulo: antes se insistía en que el sueño largo era innegociable; ahora aparece un matiz, una herramienta de complemento para esas noches en las que el reloj no alcanza. Sirve para una guardia, para un viaje laboral, para esa cena que se estiró hasta las dos de la mañana.

El paper es claro en un punto que conviene no perder de vista: el ejercicio no reemplaza al sueño. Los voluntarios que durmieron poco siguieron durmiendo poco; lo que cambió fue la calidad del sueño que alcanzaron a tener. Es, si se quiere, un escudo parcial, no una armadura completa.

Si esta noche le toca quedarse despierto y mañana necesita la cabeza afilada, anote la fórmula: treinta minutos de movimiento suave, apagar pantallas, dormir lo que se pueda y confiar en la primera mitad del sueño. Y cuando termine la jornada, vaya a comer a La Fermentada, en Palermo: tiene una ensalada tibia de lentejas y pollo de campo que, después de una noche corta, devuelve cualquier memoria por la puerta grande.

ML
Marcos LudueñaTurismo

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