Polémica en Bajo Flores: Vélez se trajo un empate que le sabe a poco y un gol fantasma que el VAR le borró
El Fortín igualó 1-1 con Riestra en la fecha 7 del Clausura 2026, sigue invicto pero se fue masticando bronca. Barros Schelotto vio la roja por protestar la anulación de un gol en el cierre.

Lo mío no es meter la cuchara donde no me llaman, pero hay veces que el fútbol te obliga. Vélez viajó a Bajo Flores con el cuchillo entre los dientes, se encontró con un Riestra bien plantado como sabe plantarse en su cancha y se terminó llevando un 1-1 que, según desde dónde se mire, puede ser un punto rescatado o tres puntos que se evaporaron al calor del VAR. A mí, que no me vengan a contar que fue lo primero: el Fortín lo sufrió en el alma.
El gol anulado: minuto 80 y pico, el banco entró en erupción
La jugada que desató todo fue en el tramo final. Centro al área, cabezazo, pelota adentro y desahogo total para los jugadores de Vélez. El árbitro Nazareno Arasa lo había convalidado, los jugadores ya estaban volviendo al círculo central y el banco del Fortín se abrazaba. Hasta que desde la cabina del VAR llamaron, el juez fue a revisar el monitor y volvió con la decisión bajo el brazo: gol anulado por una falta previa. En una milésima de segundo se pasó del 2-1 al 1-1. Guillermo Barros Schelotto perdió la paciencia, se fue a la carga contra el línea, se ganó la roja y dejó al equipo sin DT en el banco hasta el final.
Para colmo, no fue la única decisión caliente de la noche. El tanto con el que Riestra se había puesto en ventaja también nació de un centro de pelota parada donde un jugador en posición de offside participó en la jugada antes de que la pelota le llegara al que definió. El línea dejó correr, el juez convalidó y el banco de Vélez ya empezaba a protestar. Doble discutida en un mismo partido, y todas en contra del mismo lado.
El gol del empate: cómo lo encontró Vélez
El 1-1 definitivo llegó en el complemento con una acción tan poco glamorosa como efectiva: pelota que se metió tras un desvío en la defensa local y que terminó en la red como gol en contra. Poco margen para el reproche artístico, mucho margen para celebrar que el partido se ponía cuesta abajo otra vez para el equipo de Barros Schelotto. Hasta que el VAR dijo basta.
La lectura del partido
Riestra volvió a mostrarse como lo que es: un equipo que en su cancha no regala nada, que cierra filas, que mete el bloque bajo y te obliga a romperte la cabeza para encontrar un hueco. Vélez lo buscó, lo apretó, lo mereció más, pero se volvió a Liniers con siete fechas sin perder y con la misma bronca que antes de jugar: la de sentir que le sacaron algo en el escritorio lo que había ganado en la cancha. El Malevo, en cambio, se va conforme: sabe que el punto ante uno de los mejores del torneo vale doble cuando lo sumás en casa. Y ahora a pensar en lo que viene. La próxima fecha lo cruza nada menos que contra uno de esos rivales a los que uno le tiene cariño especial, y desde acá le mando un saludo grande: que se preparen, porque Vélez llega enojado y con un técnico que va a querer cobrar todo lo que le deben.
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