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Panqueques sin manual: la regla 2-2-2 que ordena la cocina y se adapta a lo dulce y a lo salado

Dos huevos, dos tazas de harina y dos tazas de leche, medidas con el mismo recipiente, alcanzan para unas dieciséis unidades. El truco está en sumar la leche en dos veces, dejar descansar la masa y aceitar la sartén bien caliente antes del primer vuelco.

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Facundo ReynaAmbiente y sierras · 27 DE AGO DE 2026 · 2 min de lectura
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La pelea de cada domingo o de cada merienda no se gana en la sartén sino en la memoria: cuántos huevos, cuánta harina, cuánta leche. Para terminar con esa duda recurrente, la fórmula 2-2-2 propone una regla tan simple como difícil de olvidar: dos huevos, dos tazas de harina y dos tazas de leche, siempre medidas con el mismo recipiente. Con esa proporción se obtienen alrededor de dieciséis unidades, suficientes para unas ocho porciones, y una masa de carácter neutro que sirve tanto para un panqueque con dulce de leche como para un canelón de verdura.

La construcción de la masa, paso a paso

A los tres ingredientes centrales se suman apenas una pizca de sal y una pequeña cantidad de manteca o aceite destinada a engrasar la superficie de cocción. El azúcar no forma parte de la receta base: la neutralidad es una decisión deliberada para que la misma preparación pueda viajar de un relleno de frutillas y crema a uno de espinaca y queso sin modificar los componentes.

El orden de incorporación también cuenta. Para evitar grumos conviene mezclar primero los huevos con la harina y solo una parte de la leche, hasta conseguir una pasta lisa. El resto del líquido se suma de manera gradual. Si aun así quedan grumos, un colado rápido antes de llevar la mezcla al fuego resuelve el problema sin alterar la textura final.

Reposo, temperatura y el punto justo del vuelco

Antes de encender la hornalla, la masa pide entre quince y treinta minutos de reposo. Ese intervalo le permite a la harina terminar de absorber el líquido y le devuelve a la preparación una homogeneidad que se nota en el primer panqueque de la tanda. La consistencia buscada es fluida pero con cuerpo: lo suficiente como para distribuirse sola en la sartén cuando se la inclina, pero no tan líquida como para que se rompa al darlo vuelta.

Qué mirar en la sartén

De la mesa dulce al plato principal

Con la misma masa, la cocina se bifurca. Para la merienda, los rellenos clásicos son dulce de leche, banana, frutillas, manzana, miel, crema y chocolate. Para la comida, la preparación sostiene sin esfuerzo canelones, torres saladas y rellenos de verdura o queso. La regla 2-2-2 queda entonces como un atajo que ordena la cocina y, de paso, autoriza a no volver a consultar la receta.

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Facundo ReynaAmbiente y sierras

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