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La lana negra que la industria descarta se vuelve materia artística en una muestra porteña

La fotógrafa Laura Ferro presenta en Fundación Larivière una exposición que rescata la fibra oscura despreciada por el circuito lanero patagónico y la cruza con la memoria familiar y el paisaje de la estepa.

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Verónica CeballosEconomía regional · 4 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En la industria lanera de la Patagonia, una sola fibra oscura puede arruinar un lote entero de lana merino blanca. Esa lógica comercial, que durante generaciones condenó a las ovejas negras al descarte, es el punto de partida de Lana negra, la muestra que la fotógrafa Laura Ferro presenta en Fundación Larivière, en Caboto 564, según informó la propia fundación.

Ferro reúne en la sala fotografías tomadas durante los últimos diez años, imágenes rescatadas del álbum familiar, una proyección audiovisual y una instalación central compuesta por lana sin ningún tratamiento, colgada del techo como una nube oscura. Parte del trabajo es indistinguible, a simple vista, de las piezas contemporáneas: la artista integró placas antiguas del acervo familiar al recorrido y varias están trabajadas en blanco y negro, lo que obliga al visitante a detenerse para distinguir el origen de cada imagen.

La tradición ovina como herencia

La fotógrafa proviene de una familia con al menos tres generaciones dedicadas a la cría de ovinos en la Patagonia. Su padre juntaba la lana negra que no podía vender en el circuito formal y se la entregaba a tejedoras artesanales de la zona, que con esa fibra oscura confeccionaban sweaters pensados para el trabajo en el campo. Tras la muerte de su padre, Ferro encontró una de esas prendas y comenzó una investigación que, según explicó la artista, se extendió durante años antes de tomar forma de exposición.

Entre las piezas más antiguas figura una fotografía de 1924 en la que aparece una oveja negra de raza karakul, pequeña y de perfil, mezclada dentro de un rebaño blanco. La imagen funciona como documento de una práctica que, según describió la artista, lleva un siglo separando a los animales oscuros del resto del lote para preservar el valor comercial de la lana merino.

“Son las manos de mi padre abriéndolo, como abre un mundo también.”Laura Ferro, fotógrafa
  • Retratos de ovejas descartadas por su color, aisladas del rebaño blanco.
  • Paisajes de la estepa patagónica sin presencia animal.
  • Imágenes de los residuos que deja el lavado industrial de la lana merino.
  • Fragmentos del padre: sus botas junto a las patas de una oveja, su pelo canoso confundido con el vellón y sus manos abriendo la lana sin esquilar.

Una materia que también es duelo

En el centro de la sala cuelga una nube negra de lana cruda, sin teñido ni proceso industrial. Ferro contó que la pieza nació del duelo por la muerte de su padre: al oler unas muestras de fibra que él guardaba en su mesita de luz, sintió que ese material reclamaba una exploración desde otro lugar. La instalación funciona como el núcleo físico de una muestra que, hasta ahora, venía construyendo su sentido a partir de la fotografía.

La exposición propone, además, una relectura del color: la llamada lana negra no es un tono único, sino una escala que va del marrón profundo al gris más claro, y ese rango cromático aparece tanto en las imágenes como en la propia nube central. Con ese movimiento, Ferro desplaza la fibra descartada del lugar de residuo industrial y la instala como materia estética y como vehículo de memoria familiar.

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Verónica CeballosEconomía regional

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