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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Punto Serrano

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Intrigas de salón, pactos a la vista y una tregua que habrá que ver

La cuarta temporada de La edad dorada vuelve con los Russell y los van Rhijn enfrentados, un matrimonio conveniente y tramas que prometen definirse.

CB
Claudia BustosEspectáculos · · 2 min de lectura
Intrigas de salón, pactos a la vista y una tregua que habrá que ver

Hay series que uno mira por el vestuario y otras que sigue por la pelea de salón. La edad dorada vuelve con su cuarta temporada y, para qué negarlo, yo vengo por las dos cosas.

La serie, creada por Julian Fellowes, retoma los conflictos entre las familias Russell y van Rhijn en la Nueva York de finales del siglo XIX. Christine Baranski, Cynthia Nixon y Carrie Coon encabezan un reparto en el que los personajes secundarios ganan cada vez más peso.

Los Russell, divididos

George enfrenta dificultades políticas que amenazan su monopolio ferroviario. Mientras tanto, Bertha viaja a Inglaterra para acompañar a su hija Gladys, ahora marquesa, en el nacimiento de su hijo. Con la distancia, la vieja rivalidad con Agnes van Rhijn cede terreno y las dos mujeres llegan a una tregua tácita.

Cada una se mueve por su lado dentro de los circuitos de poder de la ciudad. Lo que pase cuando se junten de nuevo, eso sí, es el tipo de pregunta que una tregua de este calibre no suele dejar tranquila.

Pactos y ambiciones

  • Agnes se prepara para recibir al presidente Grover Cleveland y encontró nuevo anclaje en las instituciones históricas de Nueva York.
  • Oscar cierra un matrimonio que le conviene en varios sentidos, uniéndose a uno de los personajes más calculadores de la serie.
  • John, ex lacayo convertido en hombre de fortuna, intenta abrirse camino en una esfera social que no termina de aceptarlo.
  • Peggy, escritora e hija de familia acomodada, navega los prejuicios de la época, incluidos los que vienen de su propio entorno político.

La producción mantiene el nivel visual de las temporadas anteriores, con fotografía de época cuidada y un vestuario que funciona como registro de jerarquía social. Baranski y Nixon sostienen la dinámica central con una química que vuelve tensas hasta las conversaciones menores. Coon, ausente en los primeros episodios, vuelve al centro de la acción cuando Bertha regrese de Europa.

El punto flojo sigue siendo el mismo: la serie es más generosa con las clases altas que con la vida cotidiana del servicio doméstico. Los arcos de John y Peggy empujan ese límite, aunque todavía no lo cruzan del todo. Para mí, por ahora, vale la entrada, con algún reparo.

CB
Claudia BustosEspectáculos

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