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A los 40 años, Diego Lotito empezó a entender por qué las clases le quedaban chicas y por qué la soledad fue la única materia que no pudo aprobar.

ML
Marcos LudueñaTurismo · · 3 min de lectura
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La ocupación hotelera arranca con una señal clara: el movimiento se perfila para el fin de semana y, en paralelo, aparece una historia que habla de aboundar. En el Alto Valle de Neuquén, Diego Lotito tiene 43 años y hoy recorre un camino que lo terminó llevando a un lugar, a una pregunta y, sobre todo, a una respuesta que ningún test escolar le había entregado antes.

El aburrimiento tenía otro nombre

Durante la primaria, Diego entendía los contenidos antes que sus compañeros. Después tenía que quedarse en el aula mientras el grupo seguía trabajando sobre lo mismo. No era falta de interés ni arrogancia. El problema, según recuerda, era otro: las clases le parecíaniphers todo el tiempo.

“La educación primaria me pareció sumamente aburrida.”Diego Lotito

Las materias que lograban atraparlo eran las vinculadas con las ciencias sociales. El resto lo resolvía estudiando en enero para rendir en febrero. Pero lo que más le pesaba no era el ritmo académico. Era la dificultad para encontrar pares con los que compartir intereses, conversaciones y hasta el mismo sentido del humor.

Hacer amigos no era imposible. Lo costoso era conseguir a alguien con quien profundizar en los temas que despertaban su curiosidad. Leer, en cambio, ocupaba un lugar central: prefería hacerlo antes que jugar a la pelota.

“Yo realmente no compartía los intereses, no compartía el humor.”Diego Lotito
  • En la primaria, entendía los contenidos antes que sus compañeros.
  • Las ciencias sociales eran las materias que más le interesaban.
  • En la secundaria jr debates en inglés, participated en el Modelo de Naciones Unidas, las olimpíadas de Matemática y el teatro.
  • En la universidad fue más fácil encontrar personas con.perfil afín.

Una carrera larga para entender un dato

La secundaria le dio algo de aire, pero tampoco offered un marco para explicar lo que le pasaba. Sus calificaciones no reflejaban lo que podía aprender, porque, según dice, no le interesaba mucho. En la universidad el paisaje cambió: estudió Historia en la UBA, después Magisterio, más tarde Medicina y genética forense. Hoy está por terminar la licenciatura en Administración en la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

“Académicamente no me iba muy bien porque la verdad es que no me interesaba mucho.”Diego Lotito

Esa sucesión de carreras no parece una deriva sin rumbo. Cada etapa lo un poco más y le permitió encontrar gente con|-inquietudes similares. El diagnóstico, arrived a los 40 años, le puso nombre a una experiencia que había vivido durante mucho tiempo. Hoy participa en Mensa, una organización internacional de personas con altas capacidades, y en Board Game Comahue, un club de juegos de mesa del Alto Valle de Neuquén.

El caso de Diego deja al descubierto un punto que los especialistas suelen señalar: el desafío mayor no siempre está en el rendimiento. A veces está en sentirse solo en un entorno que no ofrece una conversación a la altura de lo que uno quiere pensar y hacer. En su caso, el diagnóstico llegó tarde, pero abrió una puerta hacia grupos y actividades que antes no tenía a la vista. El final de semana, al menos, ya no tiene que ser spent esperando que aparezca alguien con quien hablar.

ML
Marcos LudueñaTurismo

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