Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Punto Serrano

Punto Serrano

Portada — Vida —

Cuando una llaga en la boca deja de ser un trámite menor y pasa a pedir consulta

Las aftas suelen irse solas en una o dos semanas, pero hay señales claras para no dejarlas pasar: tamaño, duración, repetición y dolor que complica comer o hablar. Una guía para saber cuándo es momento de ir al odontólogo o al médico.

PT
Paula TisseraFolklore y tradiciones · · 3 min de lectura
Cuando una llaga en la boca deja de ser un trámite menor y pasa a pedir consulta

Yo vi a la doña de la peña, la que siempre atiende el mostrador de las empanadas, levantarse con una molestia en la encía que llevaba más de un mes sin cerrar. Ella decía que era una afta chica, de las que se van solas, y por eso la venía aguantando. La verdad es que las aftas comunes, esas llaguitas blancas o amarillentas rodeadas de un halo rojo que aparecen en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua, casi siempre se resuelven solas en una o dos semanas sin dejar mayores consecuencias, y lo que suma es que no se contagian: no son de origen infeccioso, así que no hay riesgo de pasarlas por un beso, un mate compartido o un cubierto.

Las señales que piden salir de casa

Acá viene lo importante, porque no todas las llagas se portan igual. La Clínica Mayo y el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos coinciden en que hay cuatro situaciones concretas en las que la consulta con un odontólogo o con un médico deja de ser opcional: cuando la lesión supera las dos semanas sin cicatrizar, cuando vuelve de manera repetida, cuando es inusualmente grande o profunda, y cuando aparece una nueva antes de que la anterior haya terminado de cerrar.

  • Lesión que dura más de dos semanas sin mejorar.
  • Reaparición frecuente de aftas a lo largo de los meses.
  • Tamaño más grande que lo habitual o bordes muy irregulares.
  • Una llaga nueva que aparece antes de que cicatrice la anterior.
  • Dolor intenso que impide comer, beber o hablar con normalidad.
  • Fiebre o malestar general acompañando la lesión.

A esto se suma otro dato que a veces se pasa por alto: las aftas que se repiten con regularidad pueden estar asociadas a niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, siempre según la Clínica Mayo. Eso no quiere decir que cualquier persona con llagas frecuentes tenga que salir corriendo a comprar suplementos; lo que indica es que, ante la repetición, el profesional puede considerar pedir análisis para chequear esos valores y ver si hay algo detrás.

Cuidarse en casa, pero sin confiarse

Mientras tanto, para una afta común y pasajera, lo que se puede hacer es bastante de sentido común: evitar los alimentos muy ácidos, picantes o salados que pican en la zona lastimada, cepillarse con un poco más de suavidad, y si la causa fue un aparato de ortodoncia o una prótesis que roza, volver al consultorio para que ajusten lo que esté apretando. Para calmar el dolor leve están los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos, que no curan pero ayudan a tolerar mejor esos días. Y ojo con una revisión publicada en el repositorio científico PMC, que recuerda que antes de etiquetar las lesiones como aftas recurrentes hay que descartar otras causas posibles, sobre todo cuando aparecen síntomas también fuera de la boca.

“Una llaga ocasional no requiere alarma, pero la consulta cobra peso cuando la lesión deja de comportarse como una más.”Paula Tissera, Folklore y tradiciones
PT
Paula TisseraFolklore y tradiciones

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo